
Imagínate la escena: vuelves tranquilamente a casa en tu coche, te paran en un control fronterizo y, de repente, te ves con unas esposas puestas y una multa de 300 dólares. ¿El motivo? ¿Tráfico de sustancias? ¿Un delito grave? No, mucho peor: un Huevo Kinder.
Esta es la surrealista historia que le ocurrió a Lindzie O’Donnell, una ciudadana canadiense que descubrió de la peor manera posible que uno de los dulces más famosos del mundo es considerado contrabando en Estados Unidos. Todo sucedió cuando Lindzie regresaba a su casa en St. Stephen, New Brunswick, después de un corto viaje a la vecina Calais, en Maine. En el control, los agentes de la Patrulla Fronteriza de EE. UU. la seleccionaron para una inspección ‘aleatoria’ de su vehículo.
Fue entonces cuando encontraron el objeto del delito: un inocente huevo de chocolate con sorpresa en su interior. Lo que para la mayoría es un recuerdo de la infancia, para la ley estadounidense es un artículo prohibido. La broma le salió cara: dos horas retenida, el susto de ser esposada mientras registraban su coche de arriba abajo y, para rematar, una sanción económica de 300 dólares.
Pero, ¿por qué tanto alboroto por una chocolatina? La respuesta se encuentra en una ley de 1938 que prohíbe la venta de cualquier alimento que contenga un ‘objeto no nutritivo’ incrustado, como el pequeño juguete de plástico dentro del Huevo Kinder, que es considerado un potencial riesgo de asfixia para los niños.
Aunque O’Donnell afirmó comprender la existencia de la ley, calificó la experiencia de ‘aterradora’. Como giro final en esta dulce tragedia, la persona que le había regalado el huevo se ofreció amablemente a pagar la multa. Una historia agridulce que demuestra que, dependiendo del lado de la frontera en el que te encuentres, el chocolate puede meterte en un lío muy serio.
