
Todos hemos tenido alguna que otra mala experiencia al visitar un lugar concreto. Una vibra rara, un ambiente pesado o un pasillo que parece sacado directamente de El Resplandor. Sin embargo, cuando las quejas sobre las malas vibraciones de un edificio vienen firmadas por alguien con un historial criminal de alcance global, la anécdota adquiere un matiz, cuanto menos, fascinante y teñido de un humor negrísimo.
Una opinión muy poco habitual
Resulta que John Hinckley Jr., tristemente célebre por haber intentado asesinar al entonces presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, ha vuelto a ser noticia por un comentario que ha dejado a internet con la boca abierta. Según ha trascendido, Hinckley ha calificado al emblemático Washington Hilton como un lugar «spooky» (que podríamos traducir al español como espeluznante o que da muy mal rollo).
Hasta aquí, podría parecer la típica reseña exigente de un turista caprichoso. El pequeño detalle histórico que convierte esto en un chiste viviente es que el Washington Hilton es, exactamente, el mismo lugar donde en la primavera de 1981, el propio Hinckley sacó un revólver y desató el pánico disparando contra el presidente y su comitiva.
La ironía elevada a la máxima potencia
Para poner todo esto en perspectiva, recordemos algunos detalles de aquel fatídico día que, curiosamente, ahora parece incomodar al mismísimo perpetrador:
- El ataque se produjo a las puertas del hotel, justo cuando Reagan salía de dar un discurso.
- Hinckley no actuó movido por ideales políticos, sino por una obsesión enfermiza con la actriz Jodie Foster, a quien creyó que impresionaría emulando la película Taxi Driver.
- Tras pasar varias décadas internado en un hospital psiquiátrico de máxima seguridad, Hinckley fue liberado y, hoy en día, lleva una vida sorprendentemente pública como músico en internet.
«Calificar de espeluznante el lugar exacto donde tú mismo cometiste un intento de magnicidio es un nivel de audacia que nadie esperaba ver.»
¿Falta de autoconciencia o memoria selectiva?
Lo verdaderamente extravagante de esta noticia es la absoluta carencia de autoconciencia en las palabras de Hinckley. Es el equivalente literal a que el iceberg se queje de que el Titanic le hizo un rasguño en la pintura. Que él mismo sienta malas energías en el sitio que se encargó de teñir de tragedia roza el surrealismo puro.
No sabemos si el Washington Hilton tiene un buzón de sugerencias o un perfil activo para recibir reseñas, pero estamos bastante seguros de que la administración del hotel preferirá ignorar por completo la crítica de su visitante menos deseado de la década de los ochenta. Definitivamente, hay personas que viven en su propia realidad paralela.
