
El Chelsea Flower Show es, sin duda, uno de los eventos más pijos y florales del calendario británico. Un escaparate de elegancia, sombreros ridículamente caros y jardines que harían llorar de envidia a la Reina Madre. Pues bien, en medio de esta orgía de buen gusto, hortensias perfectas y petunias perfectamente podadas, un señor decidió que le faltaba algo de ‘realismo’ al ambiente.
Imaginen la escena: cientos de personas vestidas de punta en blanco, admirando la belleza floral, cuando de repente, este héroe de la vejiga decide hacer una aportación líquida al panorama. Pero no en cualquier sitio, ojo, sino sobre un sobrio y respetado monumento dedicado a los soldados caídos, situado cerca de la entrada principal del evento. Lo que viene siendo, literalmente, mear fuera del tiesto… y sobre el tiesto de la historia, en este caso.
El hombre estaba tan concentrado en su tarea de ‘riego espontáneo’ que pareció olvidar que se encontraba en plena hora punta y bajo la atenta mirada de un montón de floricultores indignados y seguridad privada. Mientras la élite social británica se preparaba para disfrutar de los nuevos diseños paisajísticos, este individuo ofrecía su propia y controvertida ‘fuente de agua’.
Según reportes de la época, la reacción fue instantánea. Antes de que pudiera terminar su cuestionable obra, los guardias de seguridad intervinieron con la velocidad de un jardinero que detecta una mala hierba potencialmente peligrosa. Fue desalojado del lugar, esposado y retirado ante el abucheo generalizado del público que no daba crédito a tal despliegue de desfachatez en un evento tan formal.
Uno puede ir al Chelsea Flower Show a buscar inspiración para su jardín, a ver las últimas tendencias en horticultura o simplemente a lucir pamela, pero definitivamente, orinar en un monumento no estaba en la lista de actividades recomendadas por la organización. Este individuo se aseguró de tener su propio y fugaz momento de fama, aunque terminó siendo más conocido por su falta de decoro que por cualquier arreglo floral. Un claro ejemplo de cómo no contribuir al espíritu de un homenaje.
