
A todos nos ha pasado. Llegas a ese punto en el que el sofá te conoce por tu nombre y los vaqueros del año pasado te miran con resentimiento desde el armario. Eso es más o menos lo que le ocurrió a Sean Seah, un hombre de Singapur que, tras los excesos del Año Nuevo Chino de 2019, se miró al espejo y decidió que ya era suficiente. ¿Su solución? No fue apuntarse a clases de zumba ni comprarse una bici estática. Su plan era mucho más… épico. Se propuso seguir la rutina de entrenamiento de Saitama, el protagonista del popular anime ‘One-Punch Man’.
Para los que no estén familiarizados con el tema, el entrenamiento de Saitama es tan simple como brutal: 100 flexiones, 100 abdominales, 100 sentadillas y una carrera de 10 kilómetros. Cada día. Sin descanso. Una rutina que, en la ficción, le otorga una fuerza sobrehumana a cambio de dejarle completamente calvo.
Sean, consciente de que pasar de cero a cien era una receta para el desastre (y probablemente para una visita a urgencias), decidió adaptar el reto. Creó un sistema de niveles y empezó por el nivel 5, que consistía en la mitad de repeticiones y la mitad de distancia. Aun así, las agujetas de los primeros días fueron de las que hacen historia. Pero la constancia es la madre de la ciencia, y poco a poco fue subiendo de nivel.
Documentó todo su viaje en redes sociales, convirtiéndose en una fuente de inspiración. Los resultados no tardaron en llegar. A los 180 días ya había perdido 10 kilos y su tensión arterial había vuelto a niveles saludables, para sorpresa de su mujer, que al principio veía el plan con cierto escepticismo.
El tiempo pasó, y lo que empezó como un reto post-fiestas se convirtió en un estilo de vida. Recientemente, Sean Seah celebró haber completado 1000 días seguidos del entrenamiento de One-Punch Man, ya en su versión completa. Hoy en día no solo está en la mejor forma de su vida, sino que también corre maratones.
Y para responder a la pregunta que todos os estáis haciendo: no, no se ha quedado calvo. A diferencia del personaje de anime, Sean ha logrado una transformación física espectacular conservando intacta su cabellera, un pequeño detalle del que él mismo bromea a menudo. Una prueba de que, a veces, los héroes de ficción tienen los mejores planes de entrenamiento, aunque con efectos secundarios mucho más amables en la vida real.
