
Imagina que cada vez que llega el cumpleaños de tus hijos, o la ineludible factura de la manutención, decides que es un buen momento para una… ¿reinvención personal? Pues eso es exactamente lo que lleva haciendo Andrej P., un ciudadano esloveno, desde hace la friolera de diecisiete años. Y no hablamos de un nuevo corte de pelo o un tatuaje temático, no. Hablamos de cambiar su nombre legalmente, año tras año, para convertirse en un fantasma para el sistema judicial y, sobre todo, para las madres de sus dos hijos.
La historia de este ‘maestro del disfraz legal’ empieza allá por 2006. Andrej, que para entonces se llamaba de una forma, decidía que el nuevo Andrej G., o Andrej H., o el Andrej S. actual, no tenía por qué hacerse cargo de las obligaciones económicas de su ‘yo’ anterior. Una auténtica joya de la picaresca, ¿verdad? Cada vez que los tribunales le pillaban y le ordenaban pagar, él se sacaba un nuevo nombre de la chistera, obligando a reiniciar todo el proceso.
La cosa es que, en Eslovenia, la ley le ha permitido este baile de identidades. Mientras no tengas antecedentes penales graves, cambiarte el nombre es relativamente sencillo. Y Andrej, que se ve que tiene un don para explotar los resquicios legales, lo ha usado a su favor, alegando además que está en paro y no puede pagar. Un argumento que, casualmente, aparece cada vez que estrena identidad en su DNI.
Las dos madres de sus hijos, cada una de una relación diferente, han tenido que lidiar con esta situación durante casi dos décadas. Imagina el quebradero de cabeza para ellas y para los tribunales, que constantemente tienen que ajustar sentencias a un tipo que cambia más de nombre que de calcetines (esperemos que no). La Asociación de Madres de Eslovenia, con su presidenta Branka Novina a la cabeza, ha puesto el grito en el cielo. Para ellas, este Andrej no es un genio, sino un ‘cambianombres en serie’ que se burla del sistema y, lo que es peor, de sus hijos.
Pero parece que al ‘Houdini’ de los apellidos se le podría estar acabando la magia. La paciencia de las autoridades eslovena ha llegado a su límite y ya se está preparando una nueva legislación. El objetivo es claro: cerrar esos vacíos legales para que nadie pueda usar el cambio de nombre como un truco para evadir responsabilidades, especialmente las económicas hacia los hijos. Así que, Andrej, si estás leyendo esto, quizás sea hora de ir pensando en un plan B que no implique una nueva identidad cada primavera. Porque, al final, la justicia, aunque lenta, a veces atrapa incluso a los maestros del despiste.
