El hacker de la cárcel: un recluso rumano burla el sistema informático de la prisión

El hacker de la cárcel: un recluso rumano burla el sistema informático de la prisión
Un recluso rumano, experto en informática, logró hackear el sistema de su propia cárcel. Desde el centro de documentación, accedió a internet para publicar en Facebook y enviar mensajes a políticos y periodistas, demostrando la vulnerabilidad de la red de la prisión. Una jugada maestra que le costó el puesto al director.
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¡Chaval, qué plan se marcó este! Imaginad la escena: estás encerrado, cumpliendo condena por estafa, y te da por pensar que la seguridad informática de la prisión es un chiste. Pues bien, un recluso rumano, Marian Mache para los amigos (y los guardias), no solo lo pensó, sino que lo demostró. Y lo demostró a lo grande, como un auténtico maestro del cacharreo digital.

Marian, que antes de pasar por caja ya era un especialista en IT, consiguió acceder al sistema informático de la cárcel desde el centro de documentación. Sí, desde DENTRO de la prisión. No sabemos si fue un golpe de genio o un despiste monumental de los encargados, pero el caso es que este hombre se hizo con el control de los ordenadores del personal.

Y no se quedó ahí, ¿eh? La cosa fue a más. Con el mundo digital a sus pies (o al menos el de su prisión), Marian se dedicó a trastear por la red. ¿Lo primero que hizo? ¡Pues lo que haría cualquiera de nosotros! Publicó en su Facebook para que todo el mundo se enterara. Imagina la cara de sus amigos y familiares al ver una actualización de estado desde… ¿la cárcel? Además, aprovechó para enviar mensajitos a varios políticos y periodistas rumanos. Seguramente, su objetivo era decirles: «¡Eh, que esto está más desprotegido que un jamón en Nochebuena!».

El Ministerio de Justicia rumano, claro está, se quedó con cara de póker cuando la noticia salió a la luz. Confirmaron el «breach» (o el «petardazo», como diríamos aquí) y pusieron a todo el mundo a investigar el pastel. La cosa fue tan seria que al director de la prisión le tocó hacer las maletas y le sustituyeron por otro. ¡Normal! Que te hackeen la red desde dentro de tu propio chiringuito no es la mejor carta de presentación.

Lo más cachondo de la historia es que, al parecer, Marian ya había intentado avisar de las vulnerabilidades del sistema. Había solicitado trabajar en el centro de documentación (supongo que para «ayudar» con la seguridad), pero se lo denegaron. Quizás se dijo: «Ah, ¿que no me dejáis arreglarlo de forma legal? Pues mira cómo os lo demuestro». Un genio incomprendido, ¿o un estafador con demasiado tiempo libre? En cualquier caso, una anécdota que demuestra que la picaresca española (o rumana, en este caso) no tiene límites, ni siquiera los muros de una cárcel de máxima seguridad.