
Agárrense que vienen curvas, y de las que no se ven todos los días. En el olimpo de las excentricidades, tenemos un nuevo campeón: Paul R. Rosenfeld, un programador de Silicon Valley que, lejos de pensar en la próxima app revolucionaria, estaba dándole vueltas a cómo montar una revolución… comunista. Pero ojo, no una cualquiera, sino una con un componente un tanto oscuro: «esclavas sexuales». Y para rematar, todo esto aderezado con un toque de fraude de identidad digital que ni el mejor guionista de Hollywood se habría atrevido a imaginar.
La historia es tan rocambolesca que cuesta creerla. Rosenfeld, en su infinita sabiduría, decidió que la mejor manera de reclutar para su «utopía comunista» era a través de un sitio de citas. Sí, habéis leído bien. Un sitio de citas. Y por si eso no fuera suficientemente surrealista, para atraer a sus futuros adeptos (en su mayoría hombres, por cierto), utilizó la foto de una mujer rubia completamente ajena a todo el tinglado. Pobre mujer, imaginad su cara si se hubiera enterado de que su imagen estaba siendo usada para intentar reclutar «esclavas sexuales» para una supuesta «revolución comunista». Una jugada maestra del engaño, si no fuera porque es ilegal, inmoral y de una ineptitud estratégica digna de aplauso.
Este «visionario» tenía un plan de lo más peculiar. Pretendía secuestrar a mujeres para forzarlas a participar en su «revolución», donde, según él, todos trabajarían para el colectivo. Aunque la parte de las «esclavas sexuales» parece más bien una distopía que una utopía. Sus planes no se quedaron solo en la mente, no. Nuestro «genio» del código se dedicó a airear sus ideas en foros como Reddit y 4chan, donde, supuestamente, intentaba encontrar a otros «revolucionarios» que compartieran su descabellada visión.
Pero la cosa no acaba ahí. Para que su mensaje calara hondo, Rosenfeld redactó un «manifiesto» que envió a varios medios, incluido el prestigioso ‘The Register’. Se ve que quería dejar constancia para la posteridad de sus ideas sobre un futuro comunista donde la fuerza de trabajo (femenina y forzada) sería la clave. La guinda del pastel llegó cuando, al verse acorralado por el FBI (que, por cierto, empezó a investigar el caso en 2013 gracias a un chivatazo sobre sus posts más que extraños), intentó destruir pruebas.
Finalmente, la justicia hizo su trabajo y Rosenfeld se declaró culpable de los cargos de transporte de una persona con la intención de participar en actividad sexual criminal y obstrucción de la justicia. Se enfrenta ahora a una pena máxima de cadena perpetua, lo que, sinceramente, es un giro bastante más oscuro de lo que prometía su «utopía». Así que ya sabéis, la próxima vez que veáis una revolución en ciernes en un sitio de citas, desconfiad, especialmente si hay fotos de rubias inocentes y promesas de un paraíso comunista con un extra de esclavitud.
