En un giro de los acontecimientos que ni el guionista más imaginativo de la política estadounidense podría haber previsto, la campaña del candidato presidencial republicano Vivek Ramaswamy ha sido sacudida por un pequeño, pero muy aromático, escándalo. Y no, no se trata de una declaración controvertida del candidato, sino de un problema con el personal de seguridad.
El protagonista de esta tragicomedia es William J. Davis, quien ostentaba el honorable título de guardaespaldas de la familia Ramaswamy. Su misión era sencilla: proteger a la familia de los riesgos inherentes a la vida política en plena gira. Sin embargo, parece que Davis tenía otras prioridades en su lista de tareas pendientes. El hombre fue detenido en Davenport, Iowa, un estado clave para las primarias, poniendo fin a su carrera de escolta de una manera bastante abrupta.
La detención se produjo después de que las autoridades descubrieran que Davis llevaba consigo, nada menos que, metanfetamina y fentanilo. Sí, han leído bien. Mientras se suponía que estaba escudando a la familia de uno de los candidatos más pujantes del Partido Republicano, el señor Davis cargaba con un surtido de sustancias que suelen asociarse a un fin de semana menos formal. Fue acusado formalmente de posesión de metanfetamina y posesión de fentanilo, siendo trasladado inmediatamente a la cárcel del condado de Scott.
Este incidente supone un auténtico dolor de cabeza logístico y de relaciones públicas para la campaña de Ramaswamy, que se ha esforzado en proyectar una imagen de rectitud y orden. No es el tipo de titular que uno espera cuando está luchando por llegar a la Casa Blanca. Ahora, la seguridad de la familia Ramaswamy tendrá que someterse, probablemente, a un control de antecedentes mucho más exhaustivo. La moraleja, quizá, es que incluso en las campañas políticas, el único kit de supervivencia que uno necesita llevar es un buen café y algo de paciencia, no un pequeño cargamento de estupefacientes.




