El gran escape de los cocodrilos del desierto: caos a escala reptiliana en Cisjordania

El gran escape de los cocodrilos del desierto: caos a escala reptiliana en Cisjordania
Cientos de cocodrilos protagonizaron una huida épica de una granja semiabandonada en Cisjordania, desatando una cacería masiva por parte de las autoridades israelíes. Una riada les dio la libertad, pero el miedo a que llegaran al río Jordán y montaran un fiestón ecológico acabó con la aventura de la mayoría de estos reptiles no tan nativos.
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Imaginad la escena: una riada descomunal, digna de película, arrambla con todo a su paso. Pero no estamos en el Amazonas, sino en pleno corazón de Cisjordania. Y los protagonistas de esta película de acción, o más bien de comedia negra, son cientos de cocodrilos con la oportunidad de sus vidas. Sí, habéis leído bien: cocodrilos, en el desierto.

La cosa ocurrió en la granja «Crocodile Creek», cerca de Jericó, donde el negocio reptiliano no es precisamente lo que más abunda. Las intensas lluvias y las consecuentes riadas decidieron, de repente, que los muros y verjas eran para los aburridos, y reventaron los corrales de estos animales. ¡Liberación total para cientos de estos bichos de sonrisa permanente y dientes afilados!

La libertad les duró lo que un caramelo en la puerta de un colegio. La Autoridad de Naturaleza y Parques de Israel (INPA) no tardó ni un segundo en echarse las manos a la cabeza. ¿Cientos de cocodrilos deambrujando a sus anchas por el desierto, con el río Jordán a tiro de piedra? ¡Ni de broma! La visión de estos «tiburones de agua dulce» montando una juerga ecológica o, peor aún, cruzándose con algún pastor despistado, era una pesadilla. Así que, sin pensárselo dos veces, lanzaron una «cacería masiva» para frenar la fiesta reptiliana.

El resultado fue, como era de esperar, poco feliz para los fugados. Cientos de cocodrilos fueron abatidos a tiros, aunque algunos, los más perezosos o desafortunados, aparecieron ahogados en un estanque de la propia granja, víctimas de la riada. Un final poco glorioso para una aventura que prometía ser épica.

Pero la historia de «Crocodile Creek» es aún más surrealista. Allá por los años 80, un empresario palestino tuvo la brillante idea de montar una granja de cocodrilos con la intención de comercializar su carne y su piel. Un negocio exótico en un lugar poco exótico. Pero entre la burocracia, los permisos que nunca llegaban y el eterno conflicto israelí-palestino, la cosa nunca terminó de despegar. La granja mutó en una especie de «menagerie» o zoo de barrio, una atracción un tanto kitsch para turistas.

Con la muerte del dueño, la granja entró en barrena, cayendo en un lamentable estado de abandono. Imaginad un millar de cocodrilos (según datos de 2020) en un lugar en ruinas. No es de extrañar que las autoridades ya vinieran advirtiendo desde hacía años del peligro y que ya hubiera habido «escapistas» en el pasado, dando más de un quebradero de cabeza a la INPA. Intentaron trasladar a algunos a zoos, o incluso a una instalación de «rehabilitación» en Italia, pero siempre surgía algún obstáculo burocrático o logístico imposible de superar. Y es que, no olvidemos, estos cocodrilos no son de la zona. El último ejemplar «autóctono» fue aniquilado a principios del siglo XX. Así que, su presencia era, cuanto menos, una anomalía con colmillos.

Una historia con tintes de película de serie B y un final agridulce. La libertad duró poco para estos reptiles, que ahora se han convertido en la estrella de una leyenda urbana con dientes. Moraleja: las granjas de cocodrilos en el desierto con permisos pendientes durante décadas, rara vez tienen un final feliz.