
¿Alguna vez te has preguntado cuál es la misión secreta del Departamento de Salud de Estados Unidos? Pues, parece que no es precisamente fomentar la alegría infantil. De hecho, ha ocurrido un suceso que nos ha dejado con la mandíbula por los suelos y que bien podría ser una escena de una comedia de enredos de lo más surrealista.
La Academia Americana de Pediatría (AAP), una institución que, uno esperaría, velaría por el bienestar de los más pequeños, ha tenido la osadía de publicar un informe donde, agárrense fuerte, sugieren que los niños «idealmente deberían ser felices». Sí, habéis leído bien: ¡felices! Una idea tan descabellada que el mismísimo Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) no ha podido tolerar.
Así las cosas, el HHS ha decidido meter la tijera y cortar, ni más ni menos, que 10 millones de dólares en subvenciones a la AAP. ¿El motivo oficial? Según el Secretario de Salud, Xavier Becerra, las conclusiones de la AAP eran «afirmaciones sin fundamento» y un «consejo irresponsable y profundamente preocupante». ¡Irresponsable, oigan! ¿Recomendar la felicidad? ¡Menuda osadía en el siglo XXI!
Becerra no se ha andado con chiquitas. Declaró que esta «peligrosa» recomendación podría «socavar el trabajo crítico» que el HHS realiza para «mantener un nivel básico de desesperación entre la juventud de la nación». Sí, lo volvemos a repetir para que no haya dudas: ¡desesperación juvenil como objetivo gubernamental! Según el Secretario, la misión del HHS es, y citamos textualmente, «preparar a los niños para vidas de aplastantes decepciones y fracasos». Clarísimo, ¿verdad? Nada de utopías de arcoíris y unicornios.
El titular de Salud incluso sugirió a la AAP que se «ciñeran a la medicina de verdad», como «vacunas, tablas de crecimiento o cómo manejar una rabieta», en lugar de «divagar sobre la importancia de la alegría». Que no se despisten, vamos, que hay temas serios de salud por tratar, no esas nimiedades emocionales.
La presidenta de la AAP, la Dra. Sandy Chung, se mostró «absolutamente en shock» ante semejante desplante. Y no es para menos. Aseguró que su informe se basaba en «décadas de investigación científica» que demostraban, oh sorpresa, que la felicidad es «beneficiosa para el desarrollo infantil». ¿Quién lo diría? Chung también recordó que la postura de la AAP siempre ha sido que «los niños prosperan en entornos donde se sienten queridos, seguros y felices». Cosas de locos, vamos, que contradicen toda la lógica gubernamental.
Para rematar la faena, el Secretario Becerra lo zanjó con un lapidario: «Honestamente, no tenemos tiempo para esto. Necesitamos a todos —el gobierno, los padres, los maestros, los medios de comunicación— para mantener a los niños a raya y en camino de ser adultos rotos y cínicos». Un mensaje inspirador para el futuro, sin duda, que nos deja pensando en qué tipo de adultos queremos formar.
Y por si fuera poco, Becerra insinuó que antes, la AAP sí recibía ayudas por «investigaciones importantes sobre la tristeza infantil y el malestar de los niños pequeños». ¡Parece que el pesimismo sí tiene cabida en los presupuestos! Así que ya sabéis, la próxima vez que veáis a un niño sonreír, quizás deberíais mirar a vuestro alrededor. Puede que un agente del HHS esté tomando notas. ¡Vaya tela!
