El Gobierno chino intenta desprestigiar a una escritora con ‘fake porn’ y acaba en ridículo

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Agárrense, que la historia de hoy nos viene desde el mismísimo corazón de la República Popular China y es de esas que te dejan pensando si alguien, en alguna oficina gubernamental, decidió que era buen momento para cambiar de hobby y dedicarse a la producción de cine para adultos de baja calidad. Pero no, la cosa iba en serio, aunque el resultado fuera para echarse a llorar… de la risa.

Resulta que por allá, por el año 2013, un organismo oficial del Gobierno chino, ni más ni menos que la Oficina de Información de Internet del Estado, tuvo la brillante idea de orquestar una campaña de desprestigio de lo más peculiar. ¿El objetivo? Una valiente escritora tibetana y prominente disidente llamada Pema Thinley, más conocida por su nombre de pluma, Woeser. Su ‘crimen’: informar sobre las autoinmolaciones en el Tíbet, algo que al régimen no le sentaba nada bien.

La estrategia fue tan sofisticada como un capítulo de ‘Humor Amarillo’: distribuir supuestas fotos y vídeos de contenido sexualmente explícito de Woeser. ¿A quién? Pues a periodistas extranjeros, diplomáticos y grupos internacionales de derechos humanos. Todo ello, acompañado de un documento que alegaba que Woeser estaba llevando una vida ‘decadente’ y tenía un ‘affaire’. El kit completo para arruinar una reputación, vamos.

Pero aquí es donde la cosa se vuelve tronchante. El material en cuestión no era más que un ‘photoshop’ de andar por casa, un montaje cutre sacado directamente de una película pornográfica, con la cara de la escritora superpuesta de forma tan chapucera que hasta un niño con el Paint lo habría hecho mejor. De hecho, la propia Woeser y su marido, Wang Lixiong (también un disidente de renombre), se lo tomaron a cachondeo. Según sus palabras, era «tan estúpido, tan ridículo, tan de risa». ¡Imaginad la calidad del ‘trabajo’ gubernamental!

El ‘paquete’ de la vergüenza se envió por correo electrónico desde una cuenta vinculada a ‘China Tibetology’, un ‘think tank’ gubernamental. La intención era clara: dañar su imagen, invalidar sus informes y presentarla como una persona inmoral. Sin embargo, la jugada le salió más que rana al Gobierno. En lugar de desacreditar a Woeser, la campaña no hizo más que darle más visibilidad a su trabajo y, de paso, dejar al Estado chino en una posición un tanto… bochornosa. Una auténtica joya de la propaganda fallida que pasará a los anales de la historia como un intento desesperado y, sobre todo, ridículo, de silenciar una voz crítica.