
¿Alguna vez has mirado a tu gnomo de jardín y te has preguntado si sueña con una vida de aventuras? Pues parece que Gnorman, un gnomo de Herefordshire, se lo tomó al pie de la letra. Un día, sin más, desapareció del jardín de sus dueños, Ali y Bev, dejando un vacío… y un césped un poco más soso.
Ocho meses. Ocho largos meses de misterio en los que sus dueños, con el corazón roto (y un gran sentido del humor), plantaron un cartelito laminado que rezaba ‘gnome-less’ (sin gnomo), con una foto del fugitivo. Era su particular alerta Amber para adornos de cerámica, un homenaje a su pequeño amigo desaparecido en combate… o de fiesta, quién sabe.
Cuando ya habían perdido toda esperanza, ocurrió el milagro digital. Ali recibió un mensaje por Facebook que empezaba con un cauto: ‘Esto puede sonar un poco improbable, pero creo que he encontrado a tu gnomo’. El mensaje venía acompañado de una foto que dejó a la pareja ‘completamente alucinada’. ¡Era él! ¡Gnorman! Sentado tranquilamente en el banco de una parada de autobús, como si esperara el próximo bus para seguir su ruta.
¿Pero dónde estaba? Pues nada menos que a 800 millas (unos 1.287 kilómetros) de su casa, en el punto más septentrional de la Escocia continental. Gnorman se había marcado un ‘road trip’ en toda regla, superando en distancia a la mayoría de nuestros puentes de mayo.
El héroe de esta historia es Andy, un buen samaritano que estaba haciendo una ruta benéfica en moto desde Land’s End hasta John o’ Groats (los dos extremos del Reino Unido, para que nos entendamos). Vio a Gnorman abandonado en la parada de bus y, habiendo visto el llamamiento en redes sociales, no dudó en contactar a sus dueños.
La logística del retorno de Gnorman a casa es casi tan épica como su viaje. Un amable transportista se ha ofrecido a llevarlo de vuelta en un viaje que durará un par de días. Ali y Bev están deseando que vuelva para darle la bienvenida que se merece.
Eso sí, ya han advertido que esta vez no se la juegan. Están pensando en medidas de seguridad más serias para evitar futuras escapadas. ‘Le pondremos una cadena o quizás un poco de cemento’, comentan. Parece que los días de Gnorman como trotamundos han llegado a su fin. Ahora le toca una vida tranquila, vigilando el jardín y, seguramente, contando batallitas de su increíble aventura por tierras escocesas.
