El glosario prohibido: el Departamento de Energía de EE. UU. reescribe su vocabulario

El glosario prohibido: el Departamento de Energía de EE. UU. reescribe su vocabulario
El Departamento de Energía de EE. UU. sugirió a sus empleados evitar términos como "cambio climático" en comunicaciones oficiales. En su lugar, se recomendaba usar frases como "fenómenos meteorológicos extremos". Esta directriz, enviada por un responsable de comunicaciones, buscaba alinear el lenguaje con la agenda política del momento, provocando la perplejidad y el cachondeo en partes iguales.
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¡Agárrense que vienen curvas lingüísticas! Parece que en el Departamento de Energía de los Estados Unidos decidieron que, si no te gusta la realidad, lo mejor es cambiarle el nombre. Y no, no estamos hablando de un episodio de «Black Mirror», sino de una historia real que, aunque ya tiene unos añitos, sigue siendo de esas que te hacen levantar una ceja y soltar un «¿en serio?».

Resulta que, allá por la época del gobierno Trump, un mail empezó a circular entre los empleados del Departamento de Energía (DOE). Y no era precisamente una invitación a la fiesta de Navidad. No, señor. Era una lista, una especie de glosario con «palabras sensibles» que era mejor evitar en las comunicaciones oficiales. ¿La estrella de esta purga verbal? Nada menos que «cambio climático» y su primo hermano, «calentamiento global».

Pero tranquilos, que no se quedaron sin alternativa. Para que la gente no se quedara muda, el correo venía con sugerencias para sustituir estos términos «conflictivos». Por ejemplo, en lugar de decir «cambio climático», se invitaba amablemente a usar «fenómenos meteorológicos extremos». Y si antes hablabas de «calentamiento global», pues ahora era mejor referirse a «reducción de emisiones». Incluso la «descarbonización» se transformó elegantemente en «resiliencia». ¡Menudo máster en eufemismos se marcaron!

La cosa es que esta movida no era un caso aislado. Se rumoreaba que otras agencias gubernamentales, como la EPA o los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), habían recibido directrices similares. Parece que la idea era crear una especie de burbuja lingüística donde ciertas realidades, al no ser nombradas, quizás dejarían de existir. O eso pensaban.

Claro, la noticia no tardó en saltar y armar revuelo. Porque una cosa es que un político se ande con rodeos, y otra muy distinta es que una agencia científica les diga a sus propios expertos que se moderen con la terminología. Es como si en un hospital les dijeran a los médicos que no usen la palabra «enfermedad», sino «malestar prolongado con síntomas curiosos». Surrealista, ¿verdad?

Aunque el Departamento de Energía se apresuró a aclarar que no era una «prohibición oficial», sino una «guía comunicativa», la señal que enviaba era bastante clara: la ciencia, a veces, tenía que maquillarse para encajar en el discurso político dominante. Y es que, al final, cambiar las palabras no cambia la temperatura del planeta, ni derrite los glaciares más despacio, ni hace que los eventos extremos dejen de ser extremos. Solo hace que la comunicación suene, bueno, un poco de traca.