
Agarraos que vienen curvas, porque lo de Marjorie Taylor Greene nunca deja indiferente a nadie, pero esto ya es otro nivel. La congresista, que últimamente andaba en plan ‘chica, estoy intentando dejar de ser tan rarita’ y ‘quiero sonar más seria’, nos ha regalado una imagen que desmiente todo ese esfuerzo. Y de qué manera.
Imaginaos la escena: una audiencia de la Comisión de Seguridad Nacional. Temas serios. Y de repente, entra ella con una balaclava negra que le cubre toda la cara. ¿Un atraco? ¿Un ensayo de su nueva peli de espías? No, mis queridos ‘cotillas digitales’. La señora Greene se ha plantado así para protestar por la supuesta vigilancia a los republicanos, sobre todo… ¡redoble de tambores!… en los vestuarios femeninos del gimnasio del Capitolio.
Sí, sí, como lo oís. Parece que hay un cachondeo con las cámaras en las duchas que trae de cabeza a algunos conservadores. Ella misma lo soltaba con cara de pocos amigos (aunque no la viéramos): «La llevo porque los republicanos están siendo vigilados y grabados en secreto en el Capitolio». Concretamente, se refiere a las acusaciones de que sus señorías son grabadas sin su consentimiento en un vestuario. Una denuncia de lo más… íntima, para un foro tan público. Otros, como Clay Higgins, ya habían puesto el grito en el cielo por lo mismo.
Incluso el presidente de la Cámara, Mike Johnson, está investigando el ‘misterio del Gran Hermano en las duchas’. Menudo marrón. Y el portavoz de Greene, con la mejor cara de ‘esto no es raro, es protesta’, confirmaba que la balaclava era un mensaje clarísimo sobre la ‘vigilancia’.
Así que, mientras Marjorie intenta desesperadamente borrar su imagen de ‘elemento excéntrico’ del Capitolio, nos regala un ‘momentazo’ balaclava que, sinceramente, la hace aún más… Marjorie. ¿Será esta su nueva forma de pasar desapercibida? Porque si es así, ¡ole ella! Porque si algo consigue es justo lo contrario. La risa tonta, garantizada.
