El genio de Michigan que convirtió una valla publicitaria en un Instagram gigante con mando a distancia

El genio de Michigan que convirtió una valla publicitaria en un Instagram gigante con mando a distancia
Branden Anderson, un artista de Grand Rapids (Michigan), ha creado un dispositivo interactivo que convierte una valla publicitaria digital en un feed de redes sociales gigante. Los transeúntes pueden usar un enorme mando a distancia inalámbrico para hacer scroll en Instagram o Twitter a tamaño XXL, demostrando que la vida en el carril rápido también necesita su dosis de postureo.
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En un giro de acontecimientos que solo podría suceder en Estados Unidos, concretamente en Grand Rapids, Michigan, ha surgido un nuevo campeón del despiste digital. Hablamos de Branden Anderson, un creador que ha decidido que las vallas publicitarias ya no son lo suficientemente interactivas. ¿Su solución? Convertir una de estas monstruosas pantallas digitales en un ‘smartphone’ gigante con un joystick digno de la nave Enterprise.

Anderson, que claramente tiene más tiempo libre y creatividad que el resto de los mortales, diseñó un sistema para que los conductores o, mejor dicho, los transeúntes (porque intentar esto al volante sería de juzgado de guardia), pudieran controlar lo que se mostraba en el enorme panel publicitario. Básicamente, construyó una interfaz para proyectar el ‘feed’ de redes sociales, ya fuera Instagram o Twitter, en la valla. Y sí, la guinda del pastel es el mando: un control remoto inalámbrico, robusto y con pinta de ser indestructible, que permite hacer ‘scroll’ y desplazarse por el contenido como si estuvieras en el sofá de casa, pero en la calle y a tamaño gigante.

Aunque el proyecto nació con la sana intención de ser una pieza de arte interactivo y participativo, no faltaron las risas y la confusión inicial. Imagina la escena: estás parado en un semáforo y ves a alguien jugueteando con un mando de videojuego apuntando a un cartel publicitario. La primera reacción de muchos fue pensar que Anderson estaba animando a la conducción distraída, un error, ya que para usar el aparato de manera efectiva hay que estar detenido o ser un peatón con ganas de compartir tus últimas fotos de gatitos con toda la ciudad.

El objetivo de Anderson era puramente lúdico y de experimentación social. Quería ver cómo la gente interactuaba con un medio tradicionalmente pasivo (la publicidad exterior) cuando se le daba control sobre el contenido digital más adictivo que existe. El resultado fue una mezcla de asombro, risas nerviosas y, presumiblemente, una gran cantidad de fotos que acabaron en… sí, otra red social. Es el ciclo de la vida digital. Solo falta que ahora invente un teclado para que podamos dejar comentarios a pantalla completa, aunque quizás eso sea llevar el concepto demasiado lejos. De momento, nos quedamos con la idea de que en Michigan, hasta las vallas publicitarias están enganchadas al ‘timeline’.