El gato recepcionista se jubila por artritis tras 10 años de servicio ejemplar en un colegio británico

El gato recepcionista se jubila por artritis tras 10 años de servicio ejemplar en un colegio británico
Gus, el gato no oficial de la recepción de una escuela en Staffordshire, se ha jubilado tras una década saludando alumnos y padres. El felino, de 17 años gatunos, deja el puesto por artritis, despidiéndose con una emotiva ceremonia organizada por los niños y la promesa de un banco conmemorativo.
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Olvídate de los recepcionistas con cara de lunes y la típica estampa de secretaría aburrida. En la Cheadle Primary School de Staffordshire (Reino Unido), el profesional más eficiente en la atención al público durante la última década ha sido Gus, un espécimen felino que no solo saludaba a los padres, sino que también ofrecía apoyo emocional de calidad. ¡Y todo esto sin cobrar un solo sueldo, a no ser que contemos las caricias y las siestas estratégicas!

Gus no era un simple gato que pasaba por allí. Este peludo profesional ha servido como la cara no oficial del centro durante diez largos años, ganándose la reputación de ser el mejor relaciones públicas que una escuela podría desear. Su jornada laboral era intensa, incluyendo actividades esenciales como: echarse una siesta obligatoria en el escritorio de recepción, patrullar los terrenos escolares con la seriedad de un jefe de seguridad y, por supuesto, intentar ocasionalmente ‘investigar’ el contenido de alguna fiambrera de alumno descuidado.

Sin embargo, hasta los grandes líderes deben reconocer cuándo ha llegado el momento de colgar el bigote. A sus 17 años (de la edad gatuna, claro), Gus ha decidido pasar a una merecida segunda fase de la vida. La artritis y algunas dificultades de movilidad han hecho que este veterano de la educación decida que ya es hora de disfrutar de la jubilación en un sofá a tiempo completo.

La escuela, demostrando un profundo agradecimiento por su empleado más peludo, no iba a dejar que se fuera sin una despedida a la altura de su servicio. Se organizó una ceremonia de jubilación tan emotiva que pondría celoso a cualquier director que se precie. Los alumnos se volcaron, entregándole tarjetas hechas a mano, poemas dedicados a su figura y, lo que es mejor, una cesta de regalos repleta de chuches de alta gama para asegurar que no le falte de nada en sus años dorados.

La directora, la señora O’Leary, ha reconocido que la marcha de Gus será una «pérdida muy, muy grande», destacando su crucial papel en el bienestar pastoral de los estudiantes. Vamos, que hacía un trabajo de psicólogo felino más relajante que el de muchos humanos.

Gus vivirá a partir de ahora a todo trapo. Se muda a tiempo completo con Ms. Lally, una miembro del personal de la escuela que ha sido su cuidadora a lo largo de los años. Y para garantizar que su legado perdure, la escuela ha prometido instalar un «Banco de Gus» en los terrenos, donde los alumnos podrán recordarle. Diez años de servicio, una ceremonia de jubilación de ensueño y un banco conmemorativo… Si es que algunos gatos viven mejor que nosotros.