El galgo ganador que dio positivo en cocaína desata el escándalo de dopaje canino

El galgo ganador que dio positivo en cocaína desata el escándalo de dopaje canino
Un galgo de carreras llamado Lollypops Delight ganó una competición en Lincoln, Nebraska, pero su triunfo fue anulado tras detectarse cocaína en su sistema. Su entrenador, James Todd, fue multado y suspendido, alegando que el perro pudo ingerirla accidentalmente de su entorno.
0
0

Este es el tipo de noticia que te hace dudar si estás leyendo el periódico o el guion de una comedia negra. Prepárense para conocer la historia de Lollypops Delight, un galgo que, aparentemente, necesitaba un extra de marcha para cruzar la línea de meta, aunque ese extra resultara ser… cocaína.

Los hechos tuvieron lugar en Lincoln, Nebraska, donde se celebran carreras de galgos con toda la pompa y circunstancia que uno esperaría. Lollypops Delight no solo participó, sino que arrasó. Se llevó la victoria, la ovación del público y, acto seguido, la muestra de orina obligatoria. Y ahí es donde el cuento de hadas se torció.

Los laboratorios de la Comisión de Carreras de Nebraska soltaron el bombazo: el campeón había dado positivo. No solo encontraron restos de cocaína, sino también benzoylecgonina, que es el metabolito resultante cuando el cuerpo procesa esta sustancia. En términos llanos, el pobre Lollypops no solo había estado cerca de la farla, sino que la había digerido.

El drama se centró rápidamente en su entrenador, James Todd. La Comisión no se anduvo con chiquitas: el triunfo fue anulado, Lollypops fue descalificado (presumiblemente por haberse metido en líos mayores que sus competidores), y Todd se enfrentó a las consecuencias. Le impusieron una multa de 500 dólares (unos 460 euros, para que nos entendamos) y una suspensión de 15 días.

Pero, claro, aquí viene la defensa que haría sonreír al más escéptico. Todd juró y perjuró que no había administrado droga alguna a su pupilo cuadrúpedo. Su teoría era bastante más creativa: sugirió que Lollypops Delight, al ser un perro curioso y quizás un poco cotilla, pudo haber ingerido los restos de la sustancia de alguna superficie, o incluso a través de la saliva si olfateó o lamió algo contaminado. ¡Imaginemos la escena! ¿Estaba Lollypops olisqueando el suelo de una fiesta post-carrera? ¿O fue simplemente la mala suerte de encontrarse con un residuo de dudosa procedencia?

Sea como fuere, la moraleja es clara: en el mundo de las carreras de galgos, hasta los ganadores pueden acabar con una reputación de fiesteros de alto octanaje. La Comisión, sin embargo, prefirió tomar medidas serias, dejando claro que el dopaje, ya sea a base de esteroides o de fiesta blanca, no tiene cabida en sus pistas. Lollypops Delight, sin saberlo, pasó de campeón a protagonista involuntario del ‘Narcos’ canino.