
¡Amantes del gimnasio y de las ganancias musculares, atención! Si alguna vez habéis pensado que vuestro batido post-entrenamiento sabía sospechosamente dulce, quizás tuvierais razón. Ha salido a la luz un escándalo de esos que te hacen frotarte los ojos y luego soltar una carcajada, porque una empresa de suplementos, supuestamente dedicada a ayudarnos a lucir abdominales de acero, estaba vendiendo algo muy diferente a lo prometido.
Olvídese del suero de leche de alta calidad o de los aislados proteicos purísimos. Según las acusaciones, lo que muchos consumidores estaban batiendo con entusiasmo tras una dura sesión de pesas era, esencialmente, ¡masa de bizcocho! Sí, has leído bien. La búsqueda de ese cuerpo escultural se estaba haciendo a base de un sucedáneo que tenía más que ver con la repostería de un cumpleaños y los toppings dulces que con las mancuernas y la creatina.
La artimaña, presuntamente, consistía en rellenar los botes de supuesta proteína con ingredientes baratos, azúcares y aditivos. Estos rellenos daban el pego en sabor y textura, pero a nivel nutricional ofrecían unas ‘ganancias’ muy diferentes: un chute de hidratos de carbono rápido y, probablemente, un cargo de conciencia si estabas a dieta. La ironía es brutal: vas al gimnasio a quemar hasta la última caloría y luego te tomas un batido que es, en esencia, el postre de la abuela disfrazado de nutrición deportiva. La meta era el volumen, sí, pero no el muscular, sino el de la tripa.
Esta técnica deshonesta, que en el sector se conoce a veces como ‘protein spiking’ o ‘amino spiking’ (utilizando aminoácidos baratos para inflar el recuento de nitrógeno), en este caso parece ser un ‘bizcocho spiking’ en toda regla. Permite a las compañías ahorrar costes de forma radical. En lugar de utilizar la materia prima proteica, que es cara, meten rellenos que dan volumen y dulzor para enmascarar la falta de valor real.
La noticia ha caído como una pesa de 50 kilos sobre la comunidad fitness, demostrando una vez más que no todo lo que se anuncia en un bote brillante y huele a vainilla artificial es oro. Ahora, muchos consumidores se preguntan cuántas horas extra de cardio costará quemar ese ‘bizcocho’ proteico que han estado tomando religiosamente. Sin duda, esta es la prueba definitiva de que hay que ser extremadamente crítico al leer la etiqueta de los suplementos.
