
¡Menudo espectáculo se montó el otro día en Utah, y no precisamente por el estreno de una peli de Hollywood! Si pensabas que las calabazas solo servían para el Halloween o para hacer crema, prepárate para cambiar de opinión. En la undécima edición de «The Great Pumpkin Drop», organizada por los hermanos Jared y Brett Megginson, una calabaza de esas que parecen sacadas de un cuento, pero con esteroides, se convirtió en la protagonista de una tragedia automovilística que dejó a más de uno con la boca abierta y al coche… bueno, al coche hecho un cromo.
Imagínate la escena: un festival donde la estrella indiscutible es una calabaza de ¡casi mil kilos! Sí, has leído bien, 2.000 libras (unos 900 kg) de pura masa vegetal, colgando peligrosamente de una grúa a unos 45 metros de altura, lista para un viaje sin retorno. Y abajo, esperando su fatídico destino, un humilde Geo Metro de 1993, de esos que hoy en día solo ves en alguna película de los 90, en un desguace o, aparentemente, sirviendo de diana en un evento tan peculiar. Pobre coche, no sabía lo que se le venía encima. Los asistentes, con la emoción a flor de piel (y seguramente alguna apuesta de por medio sobre cómo quedaría el pobre Metro), contuvieron la respiración. ¡Y zas! La calabaza fue liberada. La velocidad, la gravedad y la masa hicieron el resto. En cuestión de segundos, lo que una vez fue un coche, aunque viejuno, se convirtió en una especie de tortita metálica, prensada hasta el extremo. Dicen que el Geo Metro quedó «aplastado como una crepe», y la verdad, viendo las imágenes, la descripción se queda corta. El vehículo quedó reducido a una chapa irreconocible, un monumento efímero a la potencia de la naturaleza… o de una grúa con muy malas intenciones.
La idea de los Megginson era clara: no solo destrozar un coche de la forma más gloriosa posible y entre vítores, sino también intentar batir el récord mundial de la calabaza más pesada jamás lanzada desde una grúa sobre un vehículo. El récord estaba en 2.050 libras. Nuestra amiga calabaza, por desgracia para los récords pero con un impacto brutal que ya quisieran muchas producciones de Hollywood, se quedó en 2.000 libras justas. ¡Por los pelos, o mejor dicho, por unos 22 kilos! Una pena, sí, pero el espectáculo valió cada libra que no llegó al récord.
Los organizadores, que ya tienen esto como una tradición que ni la paella los domingos en España, expresaron su alegría por el éxito del evento, aunque con la espinita de no haber superado la marca mundial. Pero oye, ¿quién necesita un récord cuando puedes ver una calabaza gigante hacer puré un coche? Es pura diversión, adrenalina y un recordatorio de que en la vida, a veces, lo más espectacular es lo más sencillo… y lo más estrepitoso. ¡Un aplauso para la calabaza y un minuto de silencio por el Geo Metro!
