
La noche en la que las transparencias tomaron el control
Si algo teníamos claro sobre la Met Gala de este año, es que íbamos a ser testigos de la omnipresente tendencia del naked dress o vestido desnudo. Durante toda la velada, el goteo de celebridades luciendo este arriesgado estilo fue incesante. Pudimos ver desde el ajustado corpiño translúcido de Kylie Jenner, que no dejaba casi nada a la imaginación, hasta los atrevidos y táctiles estilismos de figuras de las redes como Léna Mahfouf.
Sabine Getty y el vestido escultural que paró el tiempo
Pero seamos sinceros, nadie llevó el concepto de transparencia al extremo artístico y extravagante como lo hizo Sabine Getty.

La conocida diseñadora de joyas apareció en la alfombra del gran evento y, literalmente, hizo que todas las mandíbulas cayeran al suelo. Su look se componía de una estructura completamente escarpada que simulaba estar pintada sobre la piel, pero con un detalle absolutamente rompedor: unas manos tridimensionales esculpidas que cubrían estratégicamente uno de sus pechos y la zona del abdomen.
Este conjunto no es que se adhiera al cuerpo, es que redefine por completo la expresión de llevar la ropa «pintada». El nivel de detalle y artesanía detrás del diseño transforma la mera provocación en una auténtica obra de arte andante.
El veredicto implacable de Twitter
Puede que Sabine no tenga el nivel de reconocimiento masivo o mundial de otras estrellas invitadas al evento, pero vaya si los usuarios de las redes sociales se han aprendido su nombre tras esta aparición. Las reacciones no se hicieron esperar y dejaron perlitas que demuestran que el público quedó completamente fascinado por su audacia:
-
«Espero de verdad que esto no sea Inteligencia Artificial, ¡porque se ha devorado la alfombra!»
-
«¡No sé ni dónde acaba el vestido ni dónde empieza ella! Eso sí que es arrasar.»
-
«¡Ahora, a esto se le llama arte puro!»
Podemos afirmar con total rotundidad que Sabine Getty logró dejar una huella imborrable en la noche más importante de la industria de la moda. Ha demostrado que salirse de lo convencional y abrazar lo peculiar siempre es una apuesta ganadora.
