El expresidente Sarkozy elige guardaespaldas rusos de treinta hombres para una boda de oligarca

El expresidente Sarkozy elige guardaespaldas rusos de treinta hombres para una boda de oligarca
El expresidente francés Nicolas Sarkozy asistió a una boda en Moscú y aceptó la protección de un equipo de seguridad ruso de 30 personas, cortesía de los anfitriones, estrechos aliados de Putin. Esto ocurrió tras negarse el Ministerio del Interior francés a financiar el despliegue de su escolta oficial por considerarlo un viaje privado.
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Imaginemos la escena: Moscú, una boda de postín, de esas donde el champán fluye sin parar y el caviar es prácticamente un aperitivo. El protagonista de esta extravagante anécdota es Nicolas Sarkozy, expresidente de Francia, conocido por su energía y por no dejar indiferente a nadie. A pesar de haber abandonado el Elíseo, como exjefe de Estado, le correspondía contar con la seguridad oficial de la República. Sin embargo, parece que la chequera del Ministerio del Interior estaba más ajustada que la corbata de un novio en pleno agosto.

El drama surgió cuando Sarkozy se disponía a viajar a la capital rusa para asistir a la boda de la hija de Vladimir Evtushenkov, un poderoso oligarca, gran amigo de Putin y presidente del holding Sistema. El gobierno francés, con la excusa de que el viaje era estrictamente privado, se negó a costear el desplazamiento de su equipo de seguridad habitual, argumentando, además, que el coste era desorbitado para la ocasión. Básicamente, le dijeron: “Señor Sarkozy, arrégleselas”.

¿Y qué hace un expresidente mundialmente conocido al que le niegan la protección oficial en un país extranjero? Pues aceptar lo que le ofrecen los anfitriones, por muy rusos y ligados al Kremlin que sean. Y vaya si le ofrecieron. Según los reportes de la época, Sarkozy fue custodiado no por el discreto grupo de cuatro o cinco agentes que uno esperaría, sino por un colosal equipo de seguridad rusa ¡compuesto por 30 personas!

Treinta fornidos caballeros rusos, vigilando cada paso del expresidente galo. La imagen es tan potente como cómica. Uno no sabe si Sarkozy se sintió más tranquilo o si pensó que se había equivocado de set de rodaje y estaba protagonizando una película de acción. Esta situación, lógicamente, levantó ampollas en París, donde la idea de un exlíder occidental dependiendo de la seguridad privada de aliados cercanos al Kremlin, especialmente en un contexto político internacional ya tenso, no sentó nada bien. En resumen, el Estado francés le dio puerta, y él encontró un batallón de escolta con sabor a vodka y mucha testosterona. Una anécdota que demuestra que a veces, en la alta política, la logística de seguridad puede convertirse en un enredo digno de comedia.