
Seamos sinceros, todos hemos tenido esa tarde aburrida en la cocina intentando picar algo rápido. Pero lo que ha hecho el protagonista de esta noticia va mucho más allá del concepto de ‘prisa’. Este titán del cuchillo, orgulloso representante de España, ha puesto el listón de la destreza culinaria a una altura estratosférica, pero solo para un vegetal: ¡el pepino!
La noticia que recorre el mundo es simple, hemos pulverizado un récord Guinness de esos que nadie sabía que existían. El desafío, aparentemente trivial para los que usan máquinas de cocina, consistía en lonchear la mayor cantidad de pepinos posibles, a mano, en un margen de tiempo ridículamente corto: 30 segundos. Medio minuto de pura adrenalina, precisión y filo.
Olvídese de deportes de riesgo o competiciones de drones, aquí el verdadero peligro estaba en la velocidad del corte y en no rebanarse un dedo. La hazaña requería una precisión casi quirúrgica combinada con una velocidad digna de un velocista. No solo se trata de cortar por cortar; los cortes deben ser consistentes, finos y utilizables, aptos para ser devorados inmediatamente en una ensalada de verano o un buen gazpacho.
El anterior récord era ciertamente respetable, dejando una marca considerable a batir, pero ha sido completamente eclipsado por la exhibición de habilidad de este español. Demostró que el verdadero arte en la cocina, a veces, no está en la cocción lenta de un guiso, sino en el manejo del mandoble contra una humilde hortaliza refrescante. En España, no solo nos coronamos como reyes de las tapas, sino también como los maestros indiscutibles de la velocidad pepinera mundial. Gracias a este logro, el salmorejo, el gazpacho o la ensalada malagueña nunca se habrán preparado tan rápido. Un aplauso para la velocidad de la huerta ibérica.
