
Imaginemos la escena: una mañana cualquiera en Montélimar, Francia. Nuestra protagonista, Martine, una octogenaria de 86 años, se sube a su coche para una tarea rutinaria: ir al médico. Un trayecto que, en condiciones normales, no debería ser más complicado que pedir la hora en la calle. Pero claro, esto no es una historia normal, amigos, esto es la clase de peripecia que nos hace replantearnos si el GPS debería venir con un modo ‘abuela despistada’.
Lo que comenzó como un pequeño desvío acabó convirtiéndose en una auténtica odisea transfronteriza. Martine, en lugar de girar a la derecha o a la izquierda en su pueblo, debió de tomar una ruta que ni ella misma supo explicar. ¿El resultado? Un viaje de unas mil millas, o lo que es lo mismo, unos 1.600 kilómetros, que la llevó directamente de la tranquila campiña francesa a las proximidades de la vibrante Barcelona, en España. ¡De la camilla del médico a la paella en un abrir y cerrar de ojos, o mejor dicho, en un día entero al volante!
La pobre Martine, que según su hijo fue encontrada «bastante desorientada» y «en shock», apenas recordaba cómo había llegado tan lejos. Al parecer, su principal pista de que algo no iba bien fue cuando el paisaje dejó de ser tan francés y empezó a oler a tortilla de patatas. O quizá fue simplemente el acento de la gente. Su familia, claro está, no estaba tan tranquila como ella. Cuando su hijo recibió la llamada de su padre alertando que Martine no aparecía, la preocupación fue en aumento. Afortunadamente, la tecnología moderna (bendito smartphone) permitió rastrear su móvil y dar la señal de alarma.
Los Mossos d’Esquadra, la policía catalana, fueron los encargados de localizar a nuestra intrépida conductora. La encontraron agotada, sí, pero sana y salva. Fue trasladada a un hospital local para un chequeo, más por el susto y la paliza del viaje que por una dolencia grave. Y es que, aunque se le diagnosticaron algunos problemas de memoria, las autoridades habían considerado que seguía apta para conducir. Un ‘pequeño despiste’, como lo llamó ella, que acabó con una aventura digna de una película de carretera, solo que sin guion ni mapa.
Finalmente, el hijo de Martine se desplazó hasta España para recogerla y traerla de vuelta a casa, con la promesa (seguramente silenciosa) de que la próxima vez la llevaría él al médico. Así que ya sabéis, la próxima vez que penséis que habéis tomado un desvío un poco largo, recordad a Martine. Vuestro ‘error de navegación’ probablemente sea solo una calle en comparación con su épico viaje. ¡Bravo, Martine, por darnos la historia del año y recordarnos que la aventura, a veces, simplemente te encuentra al volante!
