
Imagínate que un día te llega la nómina y, sorpresa, no es la tuya, sino la de *toda la empresa*. Y no hablamos de un dinerillo, sino de 9.5 millones de pesos argentinos, una cantidad que al cambio actual equivaldría a unos 100.000 euros. ¿Qué harías? Pues Gastón, un avispado trabajador de una fábrica en Ecuador, lo tuvo clarísimo: ¡a guardarlo!
La historia empieza en marzo de 2020. En un giro digno de guion de comedia negra, la empresa Plasticaucho, aparentemente por un error informático de esos que te quitan el sueño, transfirió la friolera del sueldo de todos sus empleados a la cuenta bancaria de Gastón. Sí, sí, todo junto. Un ‘pequeño’ desliz que a cualquiera le habría provocado un ataque de nervios, pero no a nuestro protagonista. Hay que decir que la mención de 9.5 millones de pesos argentinos para una empresa en Ecuador es un detalle peculiar de la noticia original, ya que Ecuador utiliza el dólar estadounidense, lo que añade un toque extra de misterio a la trama.
Cuando la empresa se dio cuenta del desaguisado, intentaron contactar con Gastón. Llamadas, mensajes… pero el hombre se esfumó como por arte de magia. No había manera de dar con él. Y claro, si te encuentras con la cuenta bancaria tan abultada, ¿quién querría dar la cara? Al final, Gastón no solo bloqueó toda comunicación, sino que directamente dimitió. ¡Adiós muy buenas!
La situación es, cuanto menos, delicada. La empresa, en un intento desesperado por recuperar el pastizal, interpuso una denuncia penal contra Gastón por «apropiación indebida de fondos». Argumentan que, según el código laboral ecuatoriano, si un pago se hace por error, debe ser devuelto. Lógico, ¿verdad? Pero parece que Gastón y su abogado tienen una opinión diferente y el proceso legal se ha alargado bastante.
Hasta octubre de 2023, la historia seguía sin resolverse. El dinero no ha vuelto a las arcas de Plasticaucho, y Gastón sigue a lo suyo. Sus posibles argumentos legales podrían pasar por defender que el dinero fue un «regalo» o un «pago justificado», o intentar que se considere un asunto civil, no penal. La empresa, por su parte, insiste en que ni un céntimo de esos 9.5 millones era parte de su salario, y que la transferencia fue un error bancario puntual.
Así que aquí estamos, con un caso que parece sacado de una película. Un error bancario de proporciones épicas, un empleado con una ‘suerte’ tremenda y una empresa que sigue buscando sus salarios. La pregunta del millón es: ¿volverá algún día Gastón con el fajo de billetes, o este será el caso del ‘jackpot’ más surrealista de la historia laboral? Solo el tiempo (y los tribunales) lo dirá.
