
Robert F. Kennedy Jr., conocido por su activismo medioambiental y su pertenencia a la saga política más famosa de EE. UU., demostró que incluso los Kennedy pueden tener momentos de ‘fan fatal’ absolutos. El objetivo de su admiración no era otro que la legendaria supermodelo danesa Helena Christensen, un icono de la moda de los años 90.
La anécdota, que resurgió en los archivos de internet como un fantasma del pasado digital, relata cómo RFK Jr. se armó de valor y le envió un correo electrónico completamente inesperado a Christensen. El contenido era digno de una comedia romántica con presupuesto ajustado. El político se deshizo en elogios hacia la modelo, llegando a catalogarla ni más ni menos que como «la mujer más hermosa» que había visto en toda su vida. Vamos, que RFK Jr. usó el email como una carta de amor en el siglo XXI.
Lo que hace esta historia aún más jugosa es el contexto. ¿Os imagináis a un miembro de la élite política, heredero de una dinastía, enviando un ‘DM’ (o, en este caso, un email) tan directo y personal a una estrella internacional? Es la prueba irrefutable de que, ante la belleza arrolladora de una supermodelo, hasta los hombres más influyentes recurren al flirteo digital de la manera más rudimentaria y, seamos sinceros, un poco arriesgada.
Aunque no está claro cuál fue la respuesta de Christensen o si ella llegó a responder, el simple hecho de que este intento de ligoteo saliera a la luz convierte la historia en una joya de la cultura pop política. Es un recordatorio de que, a veces, la distancia entre un halago y un momento incómodo de ‘not the onion’ es solo un clic de enviar.
