
Imagina la escena: estás tranquilamente en la comisaría de Powers, un pequeño rincón en la Península Superior de Michigan, y de repente, ¡zas! Todo se va a negro. ¿Un fallo eléctrico? ¿Un apagón general? Nada de eso, era pura venganza. Y el artífice de esta jugada maestra no fue otro que Richard R. Johnson, un operario de tendido eléctrico de 61 años con acceso directo a la energía de la zona.
La cosa se puso interesante el 20 de octubre de 2013. Johnson había tenido un encontronazo matutino con la ley: un agente de la Policía Estatal de Michigan le cazó superando el límite de velocidad en Spalding, otra localidad cercana. Iba a 70 millas por hora en una zona de 55, y claro, la correspondiente multa no se hizo esperar. Un mal trago, sin duda, pero lo que hizo Johnson después elevó el concepto de ‘devolver la jugada’ a otro nivel.
Esa misma tarde, impulsado por el cabreo monumental, Johnson se presentó en Powers con un compañero. Se dirigió directamente al cuadro eléctrico que alimentaba el puesto de la Policía Estatal de Michigan y el Departamento de Policía local. Sí, aquel donde trabajan los mismos que le habían multado horas antes. Pidió a su colega que abriera el compartimento y, sin pensárselo dos veces, ¡cortó la corriente! La comisaría quedó sumida en la oscuridad más absoluta durante unos 90 minutos, tiempo suficiente para que los agentes se preguntaran si estaban en medio de una película de terror.
Cuando las autoridades le preguntaron por qué lo había hecho, Johnson intentó inicialmente escurrir el bulto, afirmando que creía que la luz ya estaba cortada y que solo estaba haciendo su trabajo para repararla. Pero, como suele pasar, la verdad salió a flote, y no tardó en admitir que lo hizo porque estaba «enfadado por la multa». Un razonamiento que, para qué engañarnos, tiene su punto cómico, aunque le haya salido caro.
Ahora, Richard R. Johnson se enfrenta a cargos por destrucción intencionada de propiedad de servicios públicos, un delito que en Michigan podría acarrearle hasta 5 años de prisión y/o una multa de 10.000 dólares. Digamos que su particular vendetta le salió un poco más cara que la propia multa por exceso de velocidad. Sin duda, una lección sobre cómo no usar tus poderes profesionales para solventar tus cabreos personales.
