El ejército lanudo que salva las pistas de esquí de Vermont

El ejército lanudo que salva las pistas de esquí de Vermont
Las estaciones de esquí de Vermont han encontrado una solución ecológica y adorable para mantener sus pistas: ovejas. Estos "jardineros" lanudos devoran vegetación, incluyendo especies invasoras, reducen costes y peligros de incendio, demostrando ser el equipo de mantenimiento más mono y eficaz. Una idea que triunfa en sostenibilidad y curiosidad.
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Olvida las máquinas ruidosas y los químicos que no le gustan a nadie. En las montañas de Vermont, los esquiadores están a punto de descubrir que sus pistas favoritas no solo son un paraíso de nieve en invierno, sino también el hogar de unos jardineros muy especiales durante el resto del año: ¡ovejas! Sí, has leído bien. Las estaciones de esquí de la zona han decidido darle un giro lanudo y adorable al mantenimiento de sus terrenos, empleando a rebaños de ovejitas como su escuadrón de élite para el paisajismo.

Desde Burke Mountain, pionera en esta iniciativa allá por 2020 con su primera tanda de unas 30 ovejas (¡y sus corderitos!), hasta Stratton Mountain o Killington, la tendencia es clara. ¿Su misión? Mantener a raya la vegetación, despejar los senderos y, lo más importante, librar una batalla ecológica contra las molestas especies invasoras como la madreselva y el arraclán. Todo esto, de mayo a octubre, mientras disfrutan de un buffet libre de la mejor hierba de montaña. ¡Menudo curro!

Y es que esta solución ovina no solo es una monada, sino también sorprendentemente eficaz y económica. Piénsalo: un rebaño de ovejas no pide aumentos de sueldo, no se queja del calor y, de paso, abona el terreno con un fertilizante 100% natural. Esto se traduce en un ahorro considerable comparado con los métodos tradicionales de siega, que pueden costar un pastizal (entre 300 y 500 dólares por acre). Además, al mantener los senderos despejados, las ovejas ayudan a crear cortafuegos naturales, reduciendo el riesgo de incendios forestales, y mejoran el hábitat para la fauna local, como ciervos, osos o alces. ¡Son unas auténticas trabajadoras polivalentes!

Claro, no todo es comer hierba y ser adorable. Los «jefes» de las ovejas tienen sus propios retos. Mantener a estas peludas empleadas dentro de los límites de las pistas requiere de un buen sistema de vallas y, sobre todo, de un equipo de seguridad top. Aquí entran en acción los perros guardianes, como Willow y River, dos pastores de Anatolia de Burke Mountain, que no solo velan por la seguridad de sus rebaños frente a coyotes, osos y linces, sino que también se han ganado el corazón de los visitantes. Mover a las ovejas entre diferentes pastos y encontrarles un alojamiento calentito para el invierno (en una granja en Barnet, por si te lo preguntabas) son otras de las tareas clave.

En definitiva, la «ganadería paisajista» o «pastoreo dirigido» no es solo una moda pasajera en Vermont; es una práctica que gana adeptos, no solo por su eficiencia, sino también por el espectáculo que ofrece a los visitantes, que alucinan al ver a estos simpáticos «currelas» lanudos. Las ovejas, esas humildes rumiantes, se están convirtiendo en las nuevas heroínas del medio ambiente, demostrando que a veces, las soluciones más sencillas y peludas son las más brillantes. ¡Quién iba a decir que el futuro del mantenimiento de pistas pasaba por un buen ‘beeeeee’!