El editor de tacos de Texas Monthly se topa con la patrulla fronteriza

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Atención, amantes de la gastronomía y de los empleos raros. Esta es la historia de cómo la vocación choca de bruces con la burocracia, y todo por culpa de un taco. En el epicentro de la noticia tenemos a José R. Ralat, cuyo impresionante título en el mundo periodístico es, ni más ni menos, ‘Editor de Tacos’ de la prestigiosa revista *Texas Monthly*. Sí, ese es su trabajo: devorar tortillas rellenas en el estado de la Estrella Solitaria y contarle al mundo cuáles son las mejores.

Ralat estaba inmerso en una misión crucial para la humanidad (o al menos para los tejanos hambrientos): documentar la famosa ‘Ruta del Taco’ cerca de la frontera con México. Todo iba viento en popa, con la barriga llena de felicidad y el cuaderno rebosante de notas sobre salsas y rellenos, hasta que se encontró de frente con la cruda realidad: un control de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) de Estados Unidos, que opera de manera estricta en la zona fronteriza.

Los agentes, habituados a tratar con situaciones serias, procedieron a las preguntas rutinarias de cualquier control: ciudadanía, destino, ocupación. Y ahí es donde la cosa se torció. Cuando Ralat soltó su cargo profesional —’Editor de Tacos’— la cara del agente debió ser un poema épico de incredulidad. ¿Un editor? ¿De qué? ¿De finanzas? No. De tacos.

Imaginemos la escena: Un tipo que, en lugar de llevar drogas o armas, transporta notas sobre carnitas y cochinita pibil, y cuyo ‘trabajo serio’ es esencialmente la crítica culinaria especializada en comida callejera. La Patrulla Fronteriza, que no estaba para bromas de tortillas, sospechó inmediatamente. El nombre del puesto sonaba tan inventado y ridículo en ese contexto de seguridad nacional que Ralat tuvo que esforzarse para convencerles de que su vida giraba en torno a la perfección de la cebolla picada y el cilantro fresco.

Afortunadamente, tras un interrogatorio un poco surrealista que probablemente incluyó preguntas como ‘¿Y cuántos tacos come usted al día?’, se dieron cuenta de que el hombre era inofensivo y estaba genuinamente documentando su ruta gastronómica. Es un recordatorio hilarante de que algunos de los trabajos más envidiables del mundo pueden sonar a chiste cuando se explican en el contexto equivocado. Moraleja: nunca subestimes el poder de un buen taco, ni siquiera frente a las autoridades de inmigración más serias.