
Parece que la liberación de los archivos de Jeffrey Epstein nos trae más drama que un culebrón venezolano, pero también algunas perlas de lo más mundanas y, seamos sinceros, ridículas. Entre tanto testimonio turbio y nombre de la élite, ha aparecido un email que nos ha hecho levantar una ceja, demostrando que hasta los miembros de la realeza tienen problemas de lo más mundano.
El email en cuestión fue enviado por un personaje identificado únicamente como ‘A Duke’ (Un Duque). Aunque el documento no da nombres completos, la sombra de la prensa apunta directamente al Príncipe Andrés, Duque de York, conocido por su íntima y complicada relación tanto con Jeffrey Epstein como con Ghislaine Maxwell, su antigua confidente. Lo que pedía el Duque, sin embargo, está a años luz de cualquier conspiración oscura.
El Duque se encontraba alojado en Balmoral, la gigantesca y majestuosa residencia escocesa de la realeza, famosa por sus paisajes brumosos, sus tartanes… y aparentemente, por su grave escasez de terapeutas manuales. ¿Qué hace un miembro de la realeza aburrido o, peor aún, con una tortícolis de caballo en una propiedad de cientos de hectáreas? Pues lo que haría cualquier mortal con contactos dudosos: escribir a Ghislaine Maxwell para que le hiciera de agencia de colocación.
En el correo electrónico, fechado en una época donde la asociación entre Maxwell y Epstein ya estaba bien establecida, el Duque se quejaba de la falta de servicios de spa y le preguntaba a Ghislaine dónde podía encontrar un buen masajista para aliviar sus achaques. La queja era clara: Balmoral no daba la talla en cuanto a servicios de relajación se refiere, y si alguien sabría cómo conseguir ayuda profesional fuera del circuito habitual, esa sería Maxwell.
Es decir, mientras el mundo se venía abajo con el escándalo y se destapaban redes de contactos nefastos, la gran preocupación de un Duque era conseguir una cita para que le quitaran la contractura. Esta revelación sirve como un recordatorio surrealista de que, incluso en el centro de uno de los mayores escándalos de la élite global, los problemas logísticos de la vida diaria, como el dolor lumbar, siguen siendo una prioridad. Definitivamente, ser de la realeza no te salva de los dolores ni de tener que recurrir a contactos de dudosa reputación para un poco de relax. ¡Prioridades, Majestad, prioridades!
