
En el vasto océano de las relaciones sentimentales, donde ya creíamos haberlo visto todo, siempre hay alguna ola que nos pilla por sorpresa. Y si no, que se lo pregunten a Amanda Teague, la mujer que en 2018 nos dejó boquiabiertos al anunciar su matrimonio con un fantasma pirata. Sí, han leído bien: ¡un fantasma! Y no uno cualquiera, sino Jack, un espíritu bucanero del siglo XVIII con un temperamento, digamos, bastante… espectral.
La unión entre Amanda y Jack, un pirata haitiano de 300 años, no fue precisamente una boda al uso. Se dieron el ‘sí quiero’ en alta mar, con un sacerdote ‘de carne y hueso’ oficiando una ceremonia que pretendía ser, a todos los efectos, una unión legal. O al menos, lo más legal posible cuando uno de los contrayentes es incorpóreo. La historia, por supuesto, acaparó titulares y se convirtió en la comidilla de todos aquellos que buscan algo más allá de la ‘normalidad’. Incluso la BBC se hizo eco de la peculiaridad, dejando claro que no era precisamente el típico romance de verano.
Pero como en todo buen romance, incluso los sobrenaturales, el idilio ha llegado a su fin. Y la ruptura, amigos, es digna de una novela de misterio. Amanda Teague ha pedido el ‘divorcio’, no por infidelidad espectral o por dejar los platos flotando en el fregadero, sino por algo mucho más grave: ¡intento de asesinato! Según Amanda, Jack, su pirata fantasma, no solo intentó apuñalarla con un «cuchillo espiritual» (un arma que suena tan aterradora como… bueno, como un fantasma con un cuchillo), sino que también le provocó una enfermedad tan grave que casi la manda al otro barrio de forma permanente.
Ante semejante drama, ¿qué haces? ¿Vas al juzgado de lo familiar? No, si tu marido es un fantasma y las leyes terrenales no contemplan tales uniones… o divorcios. Amanda, con la astucia que seguramente aprendió de su vida anterior como pirata (sí, ella también vivió una etapa bucanera, se ve que lo de la aventura lo lleva en la sangre), se embarcó de nuevo. Esta vez, la ceremonia de divorcio tuvo lugar en aguas internacionales, lejos de la jurisdicción británica, buscando la libertad definitiva de su ex-esposo espectral. Se ve que las leyes espirituales son más laxas cuando estás en medio de la nada, o quizás simplemente quería evitar el papeleo con un ente invisible.
Pero no todo son puñaladas fantasmales y dramas marítimos. Tras esta tormenta sobrenatural, Amanda ha encontrado un nuevo amor. Esta vez, y para tranquilidad de sus amigos y familiares, se trata de un hombre de carne y hueso, llamado Dan. Esperemos que este romance sea menos… punzante, y que Dan no tenga antecedentes de piratería, ni física ni espiritual. Porque sí, aunque parezca mentira, hay historias de amor que desafían la lógica, la vida, la muerte y hasta los códigos de conducta pirata. ¡Larga vida a los amores… y desamores… espectaculares!
