
Atención, amantes de las historias de Hollywood que se topan con la cruda realidad… o, mejor dicho, con la más patética de las realidades. Porque lo que os traemos hoy supera cualquier guion de serie B, ¡y ocurre en la vida real! Prepárense para conocer la increíble (e increíblemente chapucera) aventura de dos caballeros tejanos que, al parecer, tenían un plan para poner patas arriba un país entero. Sí, habéis leído bien: ¡dos tipos de Texas planeando un golpe de Estado en Haití!
Los protagonistas de esta epopeya de barra de bar son Paul Allen Jorgensen, de 40 primaveras, y Joseph John Romano, de 64. Y no, no son espías de élite ni militares retirados con un currículum impresionante. Son, simplemente, dos ciudadanos estadounidenses de Houston, Texas, a los que se les ha ocurrido que sería una buena idea organizar una toma de poder en el país caribeño. La justicia de Estados Unidos les ha imputado por conspirar para violar la Ley de Neutralidad y la Ley de Control de Exportación de Armas. En otras palabras, la cosa va en serio, aunque el plan sonara a chiste.
Según la acusación, estos dos «cerebritos» estaban diseñando un complot para proporcionar armas, entrenamiento y personal militar a un grupo en Haití con el fin de derrocar al gobierno existente y reemplazarlo por uno que les fuera ‘amigable’. Imaginaos la escena: dos señores discutiendo cómo serían los ministerios y los despachos presidenciales después de su gran ‘hazaña’. Suena a película, ¿verdad? Pero la trama se complica… o, mejor dicho, se desinfla, porque sus supuestos «socios» eran, en realidad, informantes confidenciales del FBI. ¡Oops!
Romano, el mayor de los dos, se presentaba como un experto en operaciones paramilitares, alardeando de su experiencia en Venezuela y África. Jorgensen, por su parte, se atribuía un papel en las «fuerzas especiales». Con ese currículum, ¡quién no iba a confiar en ellos para montar un ejército y tomar un país! Se reunieron en varias ocasiones con estos informantes, a los que creían inversores o cómplices, y les soltaron todo el plan con pelos y señales. Hablaron de reclutar y entrenar a una fuerza mercenaria en Haití, de buscar financiación y, por supuesto, de conseguir el armamento necesario para el ‘golpe’.
Las conversaciones no tenían desperdicio. Grabación tras grabación, los dos tejanos discutían los detalles, como la toma de instalaciones gubernamentales clave y aeropuertos estratégicos. Un informante incluso les facilitó una lista de «objetivos» en Haití, y ellos la analizaron con la seriedad que solo dos aspirantes a dictadores de opereta pueden darle. Romano llegó a afirmar que tenía un contacto en el Departamento de Estado, lo cual, viendo cómo iba la operación, era bastante improbable o, en el mejor de los casos, un pobre eufemismo.
La broma, si es que alguna vez lo fue, les ha salido cara. Un gran jurado federal ya ha dictado la acusación formal. Si son declarados culpables de la conspiración para violar la Ley de Neutralidad, Jorgensen y Romano se enfrentan a una pena máxima de 20 años en prisión. La conspiración para violar la Ley de Control de Exportación de Armas les podría sumar hasta 5 años más. La investigación ha sido llevada a cabo por la oficina del FBI en Houston, y el caso está siendo procesado por los fiscales federales Katie Johnson y Robert Jones, bajo la supervisión del fiscal de los Estados Unidos, Alamdar S. Hamdani.
Así que, amigos, la próxima vez que tengáis una idea ‘brillante’ para cambiar el mundo, pensad dos veces antes de compartirla con desconocidos. Y, por favor, si vais a planear un golpe de Estado, al menos intentad que vuestra primera toma de contacto no sea con agentes encubiertos del FBI. La moraleja es clara: a veces, la realidad supera la ficción, pero no siempre para mejor… y, en este caso, con un toque de comedia involuntaria que lo hace digno de ser contado.
