
¡Menudo giro de guion tenemos aquí! Sebastian Siemiatkowski, el cerebro detrás del gigante de los pagos Klarna, ha soltado una perla que nos deja con la ceja arqueada y una sonrisa irónica. Resulta que el hombre se siente «melancólico» e incluso «deprimido» por el imparable ascenso de la Inteligencia Artificial. ¿La razón? Cree que la IA acabará con muchísimos trabajos y, en consecuencia, dejará a la humanidad con una sensación de vacío existencial, aburrimiento crónico y, sí, depresión a raudales.
La guinda del pastel es que, mientras Siemiatkowski se come el coco con estas preocupaciones existenciales, su propia empresa, Klarna, ha sido una de las pioneras en abrazar la IA. De hecho, la han integrado hasta tal punto que la eficiencia ha subido como la espuma, y ¡oh, sorpresa!, el número de empleados necesarios ha ido a la baja. Es decir, el mismo barco que él dirige está navegando a toda vela hacia ese futuro que le quita el sueño.
El señor Siemiatkowski no se anda con medias tintas. Va más allá y se pregunta si realmente queremos vivir en un mundo donde la IA se encargue de todas las tareas «aburridas» de la vida. Su teoría es que, a lo mejor, lo que nos hace humanos y nos da propósito es precisamente lidiar con esos ratos menos emocionantes. Quién sabe, quizás el secreto de la felicidad era, después de todo, rellenar formularios o responder correos tediosos.
Lejos de quedarse de brazos cruzados, el CEO de Klarna está inmerso en la búsqueda de soluciones para este apocalipsis laboral. Está estudiando la Renta Básica Universal (RBU) como una posible tabla de salvación para un futuro donde los trabajos escaseen. Además, quiere encontrar nuevas maneras para que la gente encuentre significado y propósito en un mundo donde su contribución laboral sea, digámoslo suavemente, menos crítica.
Así que ahí lo tenéis: el CEO que se beneficia de la IA, pero le aterra lo que significa para la humanidad. Una paradoja moderna que nos hace reflexionar… o al menos soltar una carcajada floja ante la ironía. Parece que la relación de Sebastian con la IA es un poco como la nuestra con el lunes: la necesitamos, pero la odiamos un poco.
