El día que Venezuela se quedó sin luz por culpa de los sionistas (y del Imperio)

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Septiembre de 2013 no fue un mes fácil para los venezolanos. Una avería eléctrica gigantesca dejó en la penumbra a casi el 70% del país, provocando el caos habitual: hospitales funcionando con generadores, semáforos fuera de servicio y el país entero, básicamente, paralizado. Mientras la población trataba de encontrar una linterna, el gobierno interino de Nicolás Maduro ofrecía una explicación que ni el guionista más imaginativo de Hollywood se atrevería a escribir.

En lugar de una revisión técnica o una disculpa por el estado de las infraestructuras –recordemos que Venezuela ya sufría problemas crónicos de mantenimiento–, el gobierno tiró por la senda de la conspiración internacional. Y no una cualquiera, sino la más rocambolesca. Maduro, conocido por su tendencia a ver enemigos externos hasta en la sopa, afirmó con rotundidad que el apagón no era un accidente, sino un acto de sabotaje orquestado.

El presidente interino fue directo al grano, señalando a varios culpables que formaban un cóctel explosivo de antagonismo político: la ‘burguesía venezolana’, el siempre socorrido ‘imperio americano’, y, aquí viene la sorpresa, ‘grupos sionistas’. Sí, el fallo de la red eléctrica, ese que dejó sin aire acondicionado a medio Caracas, se debía supuestamente a una operación secreta de desestabilización llevada a cabo por facciones sionistas. Un enlace que dejó a analistas internacionales y al ciudadano de a pie rascándose la cabeza.

Este tipo de acusaciones, aunque parezcan cómicas a ojos externos, eran una táctica habitual del gobierno bolivariano para desviar la atención de los fallos internos y culpar a ‘enemigos’ externos de cualquier contratiempo, ya fuera la falta de papel higiénico o un colapso energético a escala nacional. En este caso, la inclusión de ‘grupos sionistas’ elevó la retórica a un nuevo nivel de extravagancia geopolítica, confirmando que a veces, la realidad en la política supera con creces cualquier sátira.