El día que el piloto de seguridad de Tesla se echó una siesta en pleno trabajo

El día que el piloto de seguridad de Tesla se echó una siesta en pleno trabajo
Un conductor de seguridad de Tesla se durmió al volante de un Model S con el sistema Full Self-Driving activado. El coche, sin emitir alertas, continuó su trayecto hasta que el conductor despertó. Este curioso incidente, revelado por la NHTSA, pone en relieve la paradoja de la supervisión humana en vehículos autónomos, con Tesla categorizándolo inicialmente como "reclamo de garantía".
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¿Quién vigila al vigilante? Esta famosa frase nunca ha sido tan aplicable como en la historia que nos ocupa hoy. Imaginen el escenario: un coche del futuro, un Tesla Model S, circulando por las carreteras de California, supuestamente con un sistema de conducción autónoma de última generación activado, el famoso Full Self-Driving (FSD). Y dentro, ¿quién? Un «piloto de seguridad», cuya principal misión es estar atento, alerta y listo para tomar el control en caso de cualquier eventualidad. Pues bien, este intrépido supervisor decidió que era el momento perfecto para echarse una siestecita.

Sí, lo han leído bien. Según un informe fresquito de la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en Carreteras (NHTSA) de Estados Unidos, que data de octubre de 2023, en agosto de 2022 se produjo un incidente de lo más peculiar. Nuestro protagonista, un empleado de Tesla, se encontraba realizando una prueba interna con un Model S equipado con el FSD. Su trabajo, en teoría, era garantizar que todo fuera sobre ruedas y que el sistema funcionara a la perfección.

Pero parece que el sistema FSD funcionó tan «a la perfección» que nuestro amigo se sintió completamente seguro… ¡demasiado seguro! El informe detalla que el conductor se quedó profundamente dormido mientras el coche se encargaba de todo. Y aquí viene lo más chocante: el Tesla, con su autonomía a tope, continuó su camino por la autopista sin inmutarse, sin pitar, sin vibrar el asiento ni lanzar una musiquita estridente para despertar a su somnoliento ocupante. Nada de nada. El coche siguió como si tal cosa, demostrando una tranquilidad pasmosa ante la cabezadita de su guardián.

Afortunadamente, el asunto no pasó a mayores. El conductor, por el milagro de la biología o quizás por un bache providencial, despertó por sí solo y pudo retomar el control del vehículo. Pero el chismorreo no termina ahí. Lo más surrealista de todo es cómo Tesla decidió reportar este «pequeño despiste» a la NHTSA. En lugar de un incidente de seguridad o un fallo en la supervisión, lo catalogaron como… ¡un «reclamo de garantía»! Sí, como si el coche hubiera venido con un defecto de fábrica que inducía al sueño profundo. Para rematar, mencionaron que el conductor había sufrido una «fractura por compresión en la espalda», aunque la NHTSA, con lupa en mano, no encontró pruebas de ningún accidente ni relación con el suceso. Un misterio dentro de un enigma, vamos.

Este episodio nos deja con la ceja arqueada y una pregunta incómoda: si ni siquiera el conductor de seguridad puede mantenerse despierto, ¿cuán ‘full’ es realmente el «Full Self-Driving»? Al final, la siesta más cara y surrealista de la historia del automovilismo autónomo ha servido para recordarnos que, por mucho que avancemos, el factor humano (y sus ganas de dormir) sigue siendo impredecible. Y sí, la ironía es de aúpa.