El día que EEUU mandó a Dinamarca a tomarse una tila por el espionaje de la NSA

El día que EEUU mandó a Dinamarca a tomarse una tila por el espionaje de la NSA
En 2013, el embajador de EEUU en Dinamarca, Rufus Gifford, respondió a la preocupación por el espionaje de la NSA pidiendo al país que se 'calmara un poco'. Sus comentarios, calificados de 'increíblemente arrogantes' por políticos daneses, generaron una considerable polémica diplomática.
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Hay momentos en la diplomacia internacional que parecen sacados del guion de una comedia. Imagina la escena: tu país está preocupado por si una superpotencia mundial te está espiando hasta el último correo. Vas y le preguntas al embajador, y su respuesta es, básicamente, que te tomes una tila y no montes un drama. Pues eso, más o menos, es lo que pasó entre Estados Unidos y Dinamarca.

Nos situamos en 2013, en un debate público en la prestigiosa Universidad de Copenhague. El protagonista es Rufus Gifford, el entonces embajador de Estados Unidos en Dinamarca. En medio del evento, un valiente estudiante le lanza la pregunta del millón, esa que todos pensaban pero nadie se atrevía a formular en voz alta: ¿qué pasa con el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) a ciudadanos y políticos daneses?

La respuesta de Gifford se convirtió en un clásico instantáneo de la diplomacia menos diplomática. Con una calma pasmosa, soltó: ‘Creo que deberíais calmaros un poco’. Así, sin anestesia. Para rematar, añadió que la relación entre ambos países era ‘excepcionalmente fuerte’ y que los medios de comunicación habían creado ‘una gran histeria’. Según él, no se trataba de ‘vigilar a la gente’, sino de ‘recopilar información’, algo que, en su opinión, hacen todos los servicios de inteligencia del mundo. Un ‘circulen, aquí no hay nada que ver’ en toda regla.

Como era de esperar, en Dinamarca la sugerencia de ‘calmarse’ no sentó precisamente bien. El portavoz de política exterior del partido Enhedslisten, Nikolaj Villumsen, no se mordió la lengua y calificó las palabras del embajador de ‘increíblemente arrogantes’. Para Villumsen, era ‘completamente inaceptable’ que un diplomático le dijera a su país anfitrión que se relajara ante un posible caso de vigilancia ilegal masiva. Además, señaló que el tono condescendiente del embajador contradecía las explicaciones oficiales que el gobierno estadounidense había intentado dar previamente al danés.

Todo este embrollo, por supuesto, tenía como telón de fondo las filtraciones de Edward Snowden, que habían destapado el alcance global de los programas de vigilancia de la NSA. El comentario de Gifford no fue más que echar gasolina a un fuego que ya ardía con fuerza, dejando para la historia una lección magistral sobre cómo una simple frase puede convertir una situación delicada en un auténtico incendio diplomático.