
Hay aficiones para todos los gustos, pero la de Johnny D. Guillen Pimentel, residente de Virginia, se lleva la palma a la más extraña y delictiva del año. Mientras la mayoría de la gente va de compras a por unos vaqueros nuevos, Pimentel iba con un objetivo muy distinto: los traseros ajenos.
Su método era tan sencillo como perturbador. El hombre, de 41 años y ya conocido por la policía, merodeaba por tiendas como T.J. Maxx, Marshalls o Forever 21. Una vez elegía a su víctima, creaba una distracción, como tirar al suelo una pila de ropa. En ese breve instante de confusión, zas, sacaba un cúter o una cuchilla y dejaba su ‘firma’ en forma de corte en los glúteos de la mujer.
Lo más surrealista es que, según los informes, algunas de las víctimas ni siquiera se daban cuenta del ataque en el momento. Sentían un pinchazo, como un alfilerazo, y no era hasta más tarde cuando descubrían el corte y el estropicio en sus pantalones. Imagina la escena al llegar a casa y descubrir que has sido víctima del ‘navajero de las posaderas’.
La policía del condado de Fairfax se puso manos a la obra tras recibir una oleada de denuncias, al menos trece, que seguían el mismo patrón entre febrero y julio. Gracias a las cámaras de seguridad de los establecimientos, que captaron al sospechoso en plena faena, pudieron identificar y ponerle cara al autor de estos ataques tan específicos. Pimentel, que ya estaba fichado como delincuente sexual, fue finalmente detenido.
Ahora se enfrenta a cargos por lesiones maliciosas, y las autoridades no descartan que el número de víctimas sea aún mayor. Una historia que demuestra que, a veces, la realidad supera con creces cualquier guion de comedia absurda.
