
Imaginen la escena: los pasillos del poder en Washington, donde se toman las decisiones más trascendentales, se ven invadidos por un pánico inesperado. ¿La causa? El todopoderoso Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) está en pleno caos prenavideño porque han despedido al único ser capaz de organizar su gran fiesta anual: su propio y devoto “Elfo Navideño”.
Durante 15 largos años, un empleado dedicado llamado Dennis E. Kliethermes, además de sus tareas oficiales, fue el alma logística de las festividades de la agencia. No solo organizaba una cena; coordinaba una masiva reunión navideña que requería meses de planificación meticulosa. Dennis se había ganado a pulso el apodo de ‘Holiday Elf’ (Elfo Navideño) por su incansable dedicación a la alegría festiva, transformando un entorno legal y sobrio en algo digno de la época.
Sin embargo, el cuento de hadas del ponche de huevo y la decoración perfecta ha llegado a su fin. El detonante de su cese no fue una falta de espíritu, sino una seria y burocrática disputa: el supuesto mal uso de un vehículo del gobierno. Sí, utilizar un coche oficial, presumiblemente para transportar elementos cruciales para la fiesta de los empleados, se consideró una infracción grave que llevó a la fulminante extinción del ‘Elfo Navideño’.
La ironía es tan densa como la niebla de diciembre. El mismo departamento que se encarga de aplicar la ley y la justicia a nivel nacional, es ahora incapaz de encontrar un sustituto que se haga cargo del catering y la decoración. La prensa estadounidense reporta que el DOJ está literalmente «luchando» por cubrir este vacío logístico. Después de tres lustros de planificación experta y gratuita, el DOJ ha aprendido por las malas que la burocracia puede devorar incluso la mejor de las intenciones navideñas. Es muy probable que, sin el Elfo, la fiesta de este año se reduzca a unos cacahuetes rancios y un «Feliz Navidad» por megafonía.
