El Departamento de Justicia de EEUU se queda sin mago para su fiesta de Navidad

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A ver, que levante la mano quien no haya tenido que lidiar con un marrón de última hora organizando la cena de empresa. Ahora, imaginemos que ese marrón no es que se haya acabado el jamón ibérico, sino que la estrella del espectáculo está siendo investigada por el mismísimo FBI. Esto es justo lo que le ha pasado al Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ).

Su planazo para la fiesta anual de Navidad era, ni más ni menos, contratar a un mago profesional para entretener a los altos funcionarios. Perfecto para romper el hielo y ver desaparecer canapés sin que nadie lo note. El problema llegó cuando descubrieron que el mago contratado era el centro de atención… pero no por sus trucos de cartas.

Resulta que este ilusionista en cuestión estaba acusado de robar documentos clasificados, supuestamente sustraídos mientras trabajaba como especialista en IT para el Departamento de Defensa (DOD). Sí, has oído bien: el tío que iba a hacer aparecer y desaparecer pañuelos ahora estaba acusado de hacer desaparecer información gubernamental sensible. De repente, la magia pasó a ser un asunto de seguridad nacional.

Obviamente, el DOJ tuvo que mover ficha a la velocidad del rayo. No iban a arriesgarse a tener a un presunto ladrón de secretos haciendo el truco de la cuerda en medio del salón del fiscal general. La orden de cancelación fue inmediata, y ahora, en lugar de preparar el discurso de fin de año, los organizadores estaban en pánico buscando desesperadamente a alguien que pudiera entretener a la élite legal de Washington sin tener que pasar por una exhaustiva verificación de antecedentes penales. Se rumorea que han descartado a todos los mentalistas por miedo a que descubran dónde se esconden los papeles importantes.

El resultado: una búsqueda frenética por encontrar a un juglar, un grupo de jazz o, con suerte, alguien que simplemente pueda hacer un buen truco de magia sin acabar en prisión. La lección aprendida: quizá es mejor dejar los contratos gubernamentales de alta seguridad fuera del ámbito de los artistas de variedades. La próxima vez, quizás un karaoke sea más seguro.