
Si pensabas que tus resacas de domingo eran duras, es porque todavía no has visto las caras de los asistentes al Día de la Marmota en Punxsutawney. Cada año, la localidad de Pensilvania se convierte en el epicentro de un fenómeno que mezcla la meteorología amateur con un surrealismo digno de una película de David Lynch. La premisa es sencilla: si la marmota Phil ve su sombra, nos esperan seis semanas más de invierno. Si no, la primavera llegará pronto. Pero lo que realmente ocurre en Gobbler’s Knob va mucho más allá de un pronóstico meteorológico.
Sombreros de copa y ojeras infinitas
El evento central cuenta con la presencia del famoso Inner Circle, un grupo de dignatarios locales que custodian a la marmota. Estos señores, vestidos con impecables sombreros de copa y abrigos largos, parecen haber sido teletransportados desde el siglo XIX, aunque sus expresiones revelan que llevan despiertos desde las tres de la mañana. La pompa y el boato con los que tratan a un roedor es, cuanto menos, chocante para cualquier espectador ajeno a la tradición.
El caos de la multitud
Las imágenes del evento capturan una energía difícil de explicar. Tenemos a jóvenes que parecen estar en un festival de música electrónica en mitad del barro, personas disfrazadas de marmotas con niveles de detalle cuestionables y una marea humana que aguanta temperaturas bajo cero por el simple placer de ver a un animal salir de un tronco. El contraste entre la seriedad de los organizadores y el delirio festivo de los visitantes crea escenas que son oro puro para internet. Hay fotos que transmiten un cansancio vital tan profundo que uno se pregunta si realmente vale la pena pasar tanto frío por una predicción que, seamos sinceros, Phil no siempre acierta.
Una tradición que no deja indiferente
Al final del día, el Día de la Marmota es una celebración de lo absurdo. Entre el barro, los gritos de la multitud y la solemnidad del momento en que Phil es alzado en el aire, se genera una atmósfera que es tanto mágica como completamente ridícula. Es, sin duda, una de esas citas anuales donde lo mejor no es el resultado del tiempo, sino observar el comportamiento humano en su estado más puro y extravagante.
