
Imagina el guion de una serie de televisión con giros que ni en tu mejor pesadilla. Pues algo así ha ocurrido en el mismísimo FBI, pero con la diferencia de que es la vida real y el «villano» es la propia burocracia. Agárrense que vienen curvas: la agencia de investigación más famosa del mundo ha protagonizado un auténtico culebrón con dos de sus agentes, Jeffrey y Michael, a los que despidió, luego readmitió y, para rematar, volvió a echar a la calle. ¡Para volverse loco!
Todo empezó tras el sonado asalto al Capitolio de Estados Unidos el 6 de enero de 2021, un día que pasará a la historia por el caos que desataron los simpatizantes de Donald Trump. Nuestros protagonistas, Jeffrey y Michael, fueron señalados por su presencia en los alrededores del edificio. Las acusaciones no eran precisamente leves: obstrucción a la justicia y falsas declaraciones a los investigadores internos. Ellos, por supuesto, niegan la mayor, asegurando que no entraron en zonas restringidas ni cometieron ninguna ilegalidad.
Aquí es donde la historia se pone interesante (y un poco cómica, si nos permitimos la licencia). Tras ser despedidos inicialmente, Jeffrey tuvo la suerte (o la mala suerte, según se mire) de que una junta de revisión interna del FBI le diera la razón, ¡y lo reinstauró en su puesto en julio de 2022! Un alivio, ¿verdad? Pues no duró mucho. El director del FBI, Christopher Wray, que parece tener una paciencia limitada con estas cosas, intervino personalmente para rechazar la recomendación de la junta. Resultado: Jeffrey, de nuevo a la calle a finales de 2022.
Pero la saga no acaba ahí. Jeffrey, que no es de rendirse fácilmente, apeló ante la Junta de Protección de Sistemas de Mérito de EE. UU. (MSPB). Sin embargo, este mismo mes (octubre de 2023), la MSPB ha dado su veredicto final, confirmando su despido. Fin de la historia para Jeffrey, parece.
Y mientras tanto, ¿qué pasa con Michael? Su caso es un calco del de Jeffrey: despedido, reincorporado y despedido de nuevo. Actualmente, su segunda destitución está también bajo apelación en la MSPB. Se ve que en el FBI han encontrado una nueva forma de entretenerse, o quizás simplemente tienen un serio problema de comunicación interna sobre decisiones importantes.
Lo que está claro es que el director Wray ha dejado patente que no se anda con chiquitas. Ha adoptado una línea muy dura contra cualquier agente sospechoso de mala conducta relacionada con los disturbios del 6 de enero. Así que, aunque el proceso parezca un sainete, el mensaje de la cúpula del FBI es claro: si estuviste allí y hay sospechas, tus días en la agencia están contados, aunque sea después de un par de despidos y recontrataciones de por medio. Un drama burocrático que nos deja con la boca abierta y una pregunta: ¿cuántos capítulos más tendrá esta serie?
