El Coyote que se Hizo Ardilla por un Día en Alabama

El Coyote que se Hizo Ardilla por un Día en Alabama
En Springville, Alabama, un coyote protagonizó una huida de película. Acorralado por unos perros, el animal no dudó en trepar 12 metros a un árbol para ponerse a salvo. La policía y los vecinos observaron atónitos la escena hasta que el coyote decidió bajar por su propio pie.
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Hay días en los que uno se levanta y piensa que lo ha visto todo. Y luego está Angela Bailey, una vecina de Springville, Alabama, que probablemente haya puesto el listón de lo insólito un poco más alto. Todo empezó con un alboroto canino de manual: sus perros, según cuenta, ‘se estaban volviendo locos’ en el jardín. La causa de tanto escándalo no era un cartero ni un gato despistado, sino un artista del escapismo con mucho pelaje: un coyote.

Pero este no era un coyote cualquiera. Acorralado y superado en número por los perros, tomó una decisión drástica y, francamente, admirable. En lugar de correr sin rumbo, miró hacia arriba y pensó: ‘¿Y si me hago ardilla por un rato?’. Dicho y hecho. El coyote trepó a un árbol cercano hasta alcanzar la friolera de 40 pies, que para que nos entendamos son unos 12 metros de altura. Ahí se quedó, probablemente pensando en sus decisiones vitales mientras observaba el mundo desde una perspectiva totalmente nueva.

La escena, como es lógico, atrajo la atención de todo el vecindario y de la policía local, que acudió al lugar. El jefe de policía, Wayne Walton, confirmó la surrealista estampa. Ante la duda de cómo bajar a un coyote de un árbol (una situación que seguro no enseñan en la academia), los agentes hicieron lo más sensato: llamar a los expertos del Departamento de Conservación y Recursos Naturales de Alabama.

¿La solución de los profesionales? La más sencilla y sabia de todas: ‘Dejadle en paz’. Su consejo fue que el coyote, una vez se sintiera seguro y los perros se hubieran calmado, encontraría el camino de bajada por sí mismo. Y así fue. Tras pasar entre 30 y 45 minutos meditando en su atalaya improvisada, el coyote-acróbata descendió con la misma agilidad con la que subió y desapareció corriendo entre los árboles, dejando a todos con una anécdota para contar durante años.