
¿Quién no adora un buen momento de mimos felinos? Pero, ¡ojo!, hay lugares y lugares para ello. Un conductor en la tranquila localidad de Kanata, en Ottawa (Canadá), aprendió esta lección por las malas, o mejor dicho, por las mullidas. Resulta que decidió que su gatete, un animalito de lo más mono, sería el compañero de viaje perfecto, cómodamente aposentado en su regazo mientras circulaba por la carretera.
La Policía de Ottawa, que de tonta no tiene un pelo (ni una pata), no tardó en percatarse del inusual «copiloto». Y claro, aunque la imagen pueda ser de lo más tierna y digna de un vídeo viral de gatitos, la realidad es que un minino campando a sus anchas por el regazo del conductor es, digámoslo sin rodeos, un peligro en potencia. El agente no dudó en detener el vehículo sin pensárselo dos veces.
El resultado fue una multa de 180 dólares por, agárrense, ‘no asegurar a un animal de forma adecuada’. Sí, lo habéis oído bien. Y es que la ley canadiense, concretamente la Sección 114 de la Ley de Tráfico en Carreteras, es muy clara: las mascotas deben viajar bien atadas y seguras. No es un capricho legislativo, sino una cuestión de seguridad vial para todos los ocupantes del coche.
Desde el cuerpo de policía de Ottawa, lo tienen claro y no dudan en calificar este tipo de situaciones como «distracción al volante en su máxima expresión». Y es que, por mucho que queramos a nuestros amigos peludos, la carretera requiere toda nuestra atención. Un gato, por adorable que sea, puede convertirse en una distracción fatal o, peor aún, en un proyectil peligroso en caso de un frenazo brusco o una colisión. Imaginaos la escena y el disgusto que puede suponer.
«Por muy adorables que sean vuestros amigos peludos, tenerlos sin asegurar en el vehículo es un rotundo no», sentenciaba un portavoz de la policía, haciendo hincapié en la importancia de la prevención. Y es que, más allá de la anécdota curiosa que nos saca una sonrisa, este episodio nos recuerda una vez más la importancia de la seguridad al volante. Así que, la próxima vez que salgáis de viaje con vuestro michi, pensad dos veces dónde lo colocáis. Un transportín o un arnés homologado os ahorrará un disgusto y, lo que es más importante, mantendrá a salvo a vuestro querido copiloto… ¡y a vosotros!
