
Cuando crees que lo has visto todo en el fascinante (y a veces absurdo) mundo de la justicia, aparece Mark Andrew Pelicot para recordarnos que la realidad siempre supera a la ficción. Este individuo, que ya cumplía una condena de 13 años por una serie de violaciones (incluyendo algunas contra su propia hija, ojo), se encontraba en Lithgow, Australia, intentando apelar su sentencia original. Pero, claro, ¿por qué ir a lo fácil cuando puedes añadir un poco de drama y fluido corporal a la mezcla?
Resulta que nuestro protagonista, con una perspicacia digna de un villano de cómic de serie B, decidió que la mejor estrategia para ganar puntos en su apelación sería… *redoble de tambores*… ¡eyacular en un vaso de plástico y luego arrojar el contenido a dos funcionarias de prisiones! Sí, habéis leído bien. El incidente ocurrió en abril de 2012 y, como era de esperar, no le salió precisamente gratis.
Lejos de conseguir la libertad, Pelicot se llevó a casa una pena adicional de 12 meses de cárcel, sumándose así a su ya considerable estancia entre rejas. El juez Stephen Rothman no se anduvo con chiquitas, sentenciando a Pelicot por dos cargos de agresión y dejando claro que no creía ni una palabra de su supuesto arrepentimiento. Y es que, seamos sinceros, lanzar fluidos biológicos no es precisamente el camino más corto para ganarse la simpatía del tribunal.
Pero la cosa no acaba ahí. Este genio del auto-sabotaje ya había sido acusado previamente de usar un servicio de comunicaciones para acosar, después de enviar una carta… adivinad con qué… ¡con semen! ¿A quién? Nada menos que al Fiscal General de Nueva Gales del Sur, en junio de 2011. Parece que Pelicot tenía una fijación muy particular con esta forma de ‘comunicación’ y una especial habilidad para complicarse la vida a niveles estratosféricos.
Así que ahí lo tenéis: el caso de un hombre que, mientras intentaba librarse de una condena, se aseguró de prolongar su estancia en prisión con una de las agresiones más insólitas y desagradables que uno pueda imaginar. Una lección para todos: si estás en la cárcel, mejor abstenerse de lanzar cosas… especialmente si son fluidos corporales.
