El combate de jiu-jitsu más extraño Tom Hardy contra un veterano con problemas

El combate de jiu-jitsu más extraño Tom Hardy contra un veterano con problemas
El actor Tom Hardy fue el centro de una polémica oferta: enfrentarse en un combate de Jiu-Jitsu Brasileño (BJJ) a un veterano de guerra que padecía PTSD, trastorno bipolar y una seria lesión de espalda. La propuesta, realizada por una organización, buscaba promocionar una causa benéfica militar.
0
0

Cuando hablamos de Tom Hardy, solemos pensar en músculos, dramas oscuros y papeles que huelen a testosterona y barro. Pero además de ser un titán de Hollywood, Hardy es un auténtico entusiasta del Jiu-Jitsu Brasileño (BJJ), deporte donde ha demostrado un nivel sorprendente, llegando a ganar varias medallas en competiciones reales. Sin embargo, su afición casi lo mete en el lío más incómodo y éticamente cuestionable del año.

Resulta que una organización benéfica militar tuvo lo que seguramente consideraron una idea brillante, aunque terminó siendo la propuesta más descabellada en la historia reciente de las relaciones públicas. Decidieron proponerle a la estrella, conocida por su fuerza en pantalla y fuera de ella, un combate de BJJ. Pero el giro de guion era tremendo: el oponente no era un compañero cinturón negro, sino un veterano de guerra.

Hasta aquí, la idea de un combate por caridad parece noble, ¿verdad? Pues esperen, que el diablo está en los detalles (y en el historial médico). El rival propuesto era un hombre que, según se detallaba en el anuncio, estaba lidiando con un cóctel de problemas de salud serios: trastorno de estrés postraumático (PTSD), trastorno bipolar y, lo que lo hacía absolutamente inadecuado para un deporte de contacto, una condición de espalda ‘debilitante’. Sí, han leído bien. Querían que el actor de *Venom* se enfundara el kimono para estrangular, someter y potencialmente empeorar las dolencias de alguien cuya principal necesidad era, presumiblemente, una terapia de bajo impacto.

La lógica detrás de esta iniciativa, supuestamente, era generar una atención mediática masiva para la caridad. Y vaya si lo consiguieron, aunque por las razones equivocadas. La propuesta generó una oleada de críticas que iban desde el shock ético hasta la simple incredulidad ante el nivel de circo mediático. ¿Cómo se supone que se vende una pelea de agarre donde uno de los combatientes tiene que preocuparse más por su salud mental y columna vertebral que por la técnica de guardia? El titular potencial—’Tom Hardy estrangula a un veterano de guerra con PTSD y dolor de espalda por el bien de la beneficencia’—no suena precisamente a la campaña de márketing positiva que la organización esperaba. Afortunadamente, este combate surrealista que mezclaba el noble arte del BJJ con una estrategia de PR cuestionable, quedó en una mera anécdota y no llegó a materializarse.