
Agárrense, que la cosa va de uniformes… ¡pero no de los que te esperas! En la tranquila Etobicoke, un barrio de Toronto, Canadá, un colegio ha decidido dar un giro inesperado a la hora de comer de los más pequeños. Prepárense para conocer la normativa que está revolucionando los tápers y los estómagos más delicados de los padres canadienses: ¡baberos obligatorios para los niños de infantil durante el almuerzo!
El centro en cuestión es la St. Dorothy Catholic School, y la medida afecta a los peques de preescolar, es decir, a esos terremotos de 3 y 4 años que ya saben (más o menos) atarse los cordones pero, por lo visto, no controlan del todo el derroche de salsa de tomate. Según la directora Susan Ramelli, la idea es sencilla y, en teoría, brillante: mantener la ropa de los niños impoluta. Imaginen la escena: adiós a las camisetas manchadas de puré, a los pantalones embadurnados de yogur y a la eterna batalla de la colada poscomida que tanto estresa a las familias.
Claro, que lo que para unos es una bendición para otros es una auténtica aberración. Melissa Dirocco, una de las madres afectadas, lo tiene claro: «Es ridículo, ¡mis hijos no son bebés!» Para ella, la norma roza lo infantilizante y considera que los niños de esa edad ya deberían saber comer sin necesidad de un babero. Argumenta que la escuela debería centrarse en enseñarles habilidades de vida, como comer con pulcritud, en lugar de ponerles un babero como si estuvieran en casa de la abuela, pero sin la abuela.
Sin embargo, no todos los padres están con los brazos en jarra. Otros progenitores, como Natalie Corapi, ven la medida con otros ojos, más pragmáticos si cabe. «A mí no me molesta en absoluto. Me parece práctico», comenta otra madre, aliviada de no tener que lidiar con la ropa sucia cada tarde. Y es que, seamos sinceros, ¿quién no ha deseado alguna vez que el colegio se encargara de la colada post-comida de los niños?
La guinda del pastel es que el colegio no solo impone el babero, sino que lo proporciona y lo lava a diario. Sí, han leído bien. Los padres se ahorran comprar baberos y, lo más importante, ¡se libran de lavarlos! Desde la perspectiva del personal docente, esta medida también tiene su lado positivo: menos tiempo limpiando desastres después de las comidas y más tiempo para centrarse en el aprendizaje y el juego. El Toronto Catholic District School Board, la junta escolar, se ha lavado las manos a la francesa, declarando que es una «decisión de la escuela local».
Así que ahí lo tienen, una medida que, aunque pueda sonar a broma de ‘El Mundo Today’, es muy real y está generando un debate digno de la mejor sobremesa: ¿es un golpe de genialidad que simplifica la vida de todos o una infantilización excesiva que frena la autonomía de los peques? Juzguen ustedes, pero de lo que no hay duda es que en Etobicoke, la hora del almuerzo ya no será la misma.
