Imagina la escena: autopista 407 de Ontario, en plena madrugada del domingo. Un agente de la Policía Provincial de Ontario (OPP) está de patrulla cuando ve un coche que, digamos, no respeta precisamente los límites de velocidad. Una parada de tráfico rutinaria, piensas. Pero lo que vino después, ni en tus sueños más locos.
Nuestro protagonista, un hombre de 36 años de Toronto, fue el afortunado conductor. Cuando el agente se acercó al vehículo, el aire debía oler a algo más que neumáticos quemados. Tras una inspección más detallada, el coche se reveló como una auténtica caravana de la fiesta (o del despiste, según se mire).
¿Qué se encontraron los agentes? Agárrate que vienen curvas: para empezar, una «gran cantidad» de cannabis, que no era precisamente para consumo personal en el momento. Hablamos de más de un kilo de maría, amigos. Como si llevar un supermercado cannábico ambulante no fuera suficiente, también había alcohol. ¿Y no cualquier alcohol? No, señor. Dos botellas de tequila. Y la guinda del pastel: ¡estaban abiertas! Imaginad la situación, un mini-bar en movimiento, pero de los que te llevan directo a un problemón.
Pero la cosa no acaba ahí. Como si el cóctel de hierba, tequila y exceso de velocidad no fuera suficiente, la policía descubrió que nuestro amigo conducía con el carné suspendido. ¡Boom! El combo perfecto de imprudencia al volante. Es como si hubiera decidido acumular todas las multas posibles en una sola noche.
Evidentemente, al conductor se le vino la noche encima. Fue acusado de conducir de forma temeraria (stunt driving, que es ir a velocidad absurda), exceso de velocidad (por si lo de temeraria no quedaba claro), tener un recipiente abierto de alcohol en el vehículo, conducir con cannabis accesible y, por supuesto, conducir con el carné suspendido.
Las consecuencias no se hicieron esperar: su coche fue incautado durante 14 días y su licencia suspendida por 30 días. Y bueno, la factura de las multas y los problemas legales, eso ya es harina de otro costal. Así que ya sabéis, la próxima vez que penséis en echaros un viajecito con «provisiones», recordad la historia de este genio. A veces, la discreción es el mejor accesorio. Y el carné, si lo tienes, úsalo bien.




