
Imaginad la escena: aparcáis vuestro coche tranquilamente en la puerta de casa, os vais a dormir, y al día siguiente, ¡zas! Desaparece. Esa es la pesadilla que vivió Gareth Williams con su Vauxhall Insignia en Coventry. Pero la historia no acaba ahí, porque el pobre Gareth estaba a punto de descubrir que su coche tenía una vida secreta bastante más agitada de lo que él imaginaba.
Al día siguiente de la desaparición, mientras Gareth se preguntaba dónde demonios se habría metido su vehículo, su coche se estaba marcando un ‘Fast & Furious’ por carreteras de Northamptonshire. ¿El objetivo? ¡Un atraco a un banco! Sí, su Insignia, el mismo con el que iba a trabajar, se había convertido en el flamante coche de huida de una banda de cuatro cacos. Cuando la policía recuperó el coche, la sorpresa de Gareth fue mayúscula, pero la que vino después le dejó con la boca abierta y la cartera temblando.
Resulta que, aunque Gareth es la víctima inocente de este rocambolesco suceso, la policía decidió confiscar su coche como ‘prueba del delito’. Y claro, recuperar una prueba en una investigación criminal no es tan sencillo como ir a objetos perdidos. Gareth se ha visto envuelto en una espiral burocrática de la que no logra salir. Llevaba ya dos semanas sin su vehículo, que para colmo de males, no solo tiene la ventanilla trasera destrozada y el maletero dañado por la acción de los ladrones, sino que también ha acumulado ¡una multa de aparcamiento y una posible multa por exceso de velocidad de la persecución policial!
Nuestro protagonista, que solo quería su coche de vuelta para llevar a sus hijos o ir al trabajo sin tener que pedir taxis o depender del transporte público, se siente completamente desamparado. «Es una pesadilla completa, no me han dado ninguna ayuda», comenta el pobre Gareth, que se siente castigado por algo de lo que no tiene ninguna culpa. Le toca esperar a que la policía decida que el coche ya no es ‘evidencia’ y, entonces, arreglárselas para pagar las reparaciones, las multas y el transporte del vehículo de vuelta a casa. Una auténtica odisea automovilística con un final incierto, todo por culpa de unos chorizos con muy mal gusto para elegir coche.
