
Imagina la escena: es una mañana cualquiera en el instituto Lake Havasu High School, en la soleada Arizona. El personal de la cafetería está enfrascado en sus tareas, preparando el desayuno antes de que la marabunta de estudiantes invada el comedor. Pero ese día, tuvieron un «comensal» un tanto… inesperado.
De repente, un visitante de cuatro patas y un apetito voraz decidió que las puertas del instituto eran una invitación abierta a un festín matutino. Sí, estamos hablando de un ciervo, que, ni corto ni perezoso, se coló directamente en la cafetería. Y no, no venía a matricularse, sino a saciar su hambre.
Según las fuentes de Lake Havasu City Police Department, el intrépido venado no solo entró, sino que se tomó la libertad de disfrutar de un buen bol de cereales. ¡Quién le iba a decir a este ciervo que el menú escolar incluía tan suculentas opciones para el ramoneo! Parece que tenía un gusto bastante refinado, o al menos, una curiosidad inmensa por la dieta humana.
Por supuesto, la presencia de un ciervo desayunando no pasa desapercibida. El personal del instituto, entre la sorpresa y la risa contenida, tuvo que activar el «protocolo ciervo en comedor». Y ahí es donde la cosa se puso un pelín más movidita. En su intento de salir, o quizás en un frenético ataque de remordimientos por haber «robado» el desayuno, el animal chocó contra una puerta de cristal. Afortunadamente, no sufrió heridas de consideración.
Rápidamente, se dio aviso a los agentes de control de animales, que acudieron al rescate del hambriento y algo aturdido comensal. Con pericia y paciencia, lograron reducir al ciervo y sacarlo del recinto escolar. ¿El destino final de nuestro protagonista? De vuelta a la naturaleza, donde seguramente contará a sus amigos venados la historia de aquel día en que probó la vida escolar y los cereales humanos.
Menos mal que todo esto ocurrió antes de que los estudiantes llegaran, evitando así un posible caos y que algún alumno se quedara sin su ración de ‘chocapic’. El personal del instituto ahora tiene una anécdota de esas que se cuentan en las cenas de Navidad, una historia que demuestra que, a veces, la vida salvaje tiene sus propias ideas sobre lo que es un buen plan de desayuno.
