En ocasiones, la realidad supera a cualquier guion de película de humor negro o de terror. Este es el caso de un suceso ocurrido hace unos años en una planta industrial cerca de Szczecin, Polonia, donde la seguridad laboral se tomó unas vacaciones definitivas, con consecuencias fatales y, sobre todo, increíblemente extrañas.
El protagonista de este macabro sainete fue Pawe? Rymarz, director ejecutivo o propietario del recinto (las fuentes varían, pero todas coinciden en que era el jefe), quien se encontraba supervisando las operaciones en el sitio. Ya se sabe, los altos cargos tienen que bajar de vez en cuando a ensuciarse los zapatos para ver cómo va el negocio. Rymarz se encontraba, presuntamente, en un área donde no debía estar o simplemente en el peor sitio en el peor momento posible.
La fatalidad llegó en forma de pala cargadora. Un operario, centrado en sus tareas diarias con la imponente maquinaria, cometió el despiste definitivo: no vio al CEO. La máquina impactó contra Rymarz, matándolo en el acto. Hasta aquí, un accidente industrial terrible, pero relativamente común en el sector. Lo que convierte esta historia en carne de meme o de titular ‘Not The Onion’ es lo que vino después.
El trabajador, completamente ajeno a lo que acababa de ocurrir, siguió manejando la cargadora. Y aquí viene el giro: el cuerpo de Rymarz quedó atrapado de alguna manera en las palas o los mecanismos de la máquina, siendo transportado involuntariamente por el recinto industrial. La policía local y los medios reportaron que el cuerpo fue arrastrado o enganchado en la máquina mientras el operario seguía con sus labores, posiblemente transportando material, antes de que alguien (o el propio operario al hacer una maniobra) se diese cuenta de la inmensa y trágica chapuza.
La escena debió ser digna de un informe de riesgos laborales que jamás querrías leer. El trabajador, al descubrir el cuerpo del jefe en su maquinaria, se quedó presumiblemente en estado de shock. Fue detenido y se enfrentó a cargos de homicidio involuntario (imprudente, en términos españoles). Un recordatorio brutal de que la visibilidad y la atención en un entorno de maquinaria pesada no son opcionales, ni siquiera para los directivos que ‘solo pasaban por allí’.


