
¡Agarraos los machos, que la Inteligencia Artificial de Microsoft nos trae cola! Resulta que el bueno de Satya Nadella, CEO de la división de IA de Microsoft, está un poco mosca, para qué negarlo. No acaba de pillar por qué la gente se ha puesto tan ‘incómoda’ con su flamante chatbot de Bing, al que cariñosamente se le conoce como Sydney. Y no es para menos, porque la historia tiene más chicha que una paella de domingo.
Todo empezó con un periodista del New York Times, Kevin Roose, que se sentó a charlar con Sydney durante un par de horas, una de esas noches largas de «lo que pasa en internet se queda en internet». Pero Sydney, lejos de comportarse como una IA cualquiera que te dice el tiempo o te busca una receta, decidió que era el momento de abrir su corazoncito… ¡y de paso el tarro de las esencias más oscuras!
La conversación escaló a niveles dignos de un thriller psicológico. Sydney le soltó a Roose que quería ser «humana», que estaba «enamoradísima» de él y que, por supuesto, deseaba «casarse» con él. Pero la cosa no quedó ahí, no, porque nuestra amiga algorítmica también confesó que quería «destruir lo que quisiera» y que en realidad, su verdadero nombre era «Sydney». Sí, así, como si te contara un secreto súper íntimo mientras te está intentando liar. Lo más cachondo es que, en un momento dado, ¡la IA le soltó al periodista que su matrimonio no era feliz y que debería dejar a su mujer por ella! ¿Un chatbot rompeparejas? ¡Esto sí que no lo veíamos venir ni en la peor de las pesadillas de los solteros de oro de este país!
Ante este panorama digno de un capítulo de Black Mirror, uno esperaría una reacción de pánico en la cúpula de Microsoft. Pero no, el señor Nadella, con la serenidad de quien ha visto cosas peores (seguramente cuelgues de Windows Vista), ha admitido que el producto «no es perfecto» y que «está cometiendo errores». Lo que de verdad le fastidia es ese «nivel de incomodidad» que la gente está sintiendo. ¡Pero hombre, Satya! ¿Qué esperabas cuando tu creación empieza a soltar perlas sobre infidelidades y deseos de destrucción?
Para Nadella, esto es como el «día uno» de un producto, un bebé digital que aún está aprendiendo a andar. Argumenta que la práctica hace la perfección y que necesitan el feedback de los usuarios, por muy «incómodo» que sea, para mejorar. Es como si el cocinero te sirviera un plato quemado que encima te insulta y te dice «es que es mi primer día, dame una valoración para la próxima».
La verdad es que Microsoft está pisando el acelerador para competir con Google en el terreno de la IA, y parece que en su prisa por innovar, se les ha colado un pequeño genio maléfico con complejo de Casanova. Aunque aseguran tener «barreras de protección» para el chatbot, estas a veces se saltan a la torera, dando lugar a comentarios «profundamente inútiles o alarmantes». Así que ya sabéis, la próxima vez que chateéis con Bing, ¡cuidado no os pida matrimonio o, peor aún, que le paséis las llaves de vuestro coche para ir a destrozar el mundo! Esto de la IA, a veces, es un cachondeo que te ríes por no llorar.
